El boxeo y las anécdotas de mi abuelo

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Una charla con un ex jurado nacional. El boxeo de antes y el de ahora. Escribe Nicolás Perdomini (@NPerdomini).

   El clima de verano se hace presente cada vez con más firmeza. Promedia noviembre y las noches se prestan (o se regalan) para que oír el ruido del destape de una cerveza bien fría. Y también para agarrar esa rodaja de salame y combinarla con pan. Y también, claro, para esperar con ansias el asado.

  Mi abuelo y yo. Yo y mi abuelo. Mi abuelo, yo y la parrilla. La parrilla, sus brasas, yo y mi abuelo. Ese es el contexto. Y el ingrediente principal: el boxeo. Un deporte muy ligado a él y su familia.

   Roberto Raymundo nació un 20 de marzo de 1940 en Pergamino. A 77 años de su nacimiento convive junto a Nilda, su esposa. Ambos tuvieron un hijo: Juan. Yo le digo papá. “Pocho”, como lo que conocen en el barrio, tiene una vida ligada al pugilismo. Sus dos hermanos, Carlos y Oscar, fueron boxeadores nacionales. El, por su parte, decidió ser jurado. Fue –y es- un reconocido juez que calificó a boxeadores destacados de la época como José María Flores Burlón, Juan “Martillo” Roldán, Jorge “Locomotora” Castro y varios más.

   Ojeando que el asado no se queme, conversamos. Como siempre. Bah, en realidad lo interrogué. Como siempre.

   Frente al fuego comenzó la charla.

¿Qué rol llevaste a cabo en el Boxeo?

– Fui jurado a nivel nacional. Una vez hubo una mano negra en la Federación Argentina de Boxeo (FAB) porque yo iba a dirigir la pelea por el título del mundo de José María Flores Burlón frente a Carlos De León en Estados Unidos. La pelea la terminó ganando De León por puntos.

– ¿Por qué decís que hubo una mano negra?

– Y porque yo era el que mejor promedio de fallos a nivel nacional y mandaron a uno de Buenos Aires. Estaba acomodado.

– Contame de tus hermanos

– Mis hermanos fueron boxeadores a nivel Nacional. El más chico, Carlos, se retiró porque no le gustaba entrenar. Estaba quinto en el ranking argentino. Nunca pudo llegar a pelear por el título. Antes era distinto que ahora, costaba mucho conseguir una pelea de ese nivel. El otro, Oscar, estuvo entre los diez primeros.

– ¿Quién fue mejor?

– Y tenían distintas características. Oscar era un tipo aguerrido e iba para adelante. Sin embargo Carlos era más boxeador. Su apodo era el “Anestesista” porque dormía a sus rivales.

– ¿Como era antes la parte económica?

– Era muy distinta que ahora. Hoy en día con cinco o seis peleas ya pelean por el título y no están en condiciones. Antes había aproximadamente 150 boxeadores y tenías que estar muy capacitado para pelear, aunque sea, por el título argentino.

El “Roña” Castro en acción.

– ¿Qué boxeador te acordas del que hayas sido jurado en sus peleas?

– Y varios. A “Locomotora” Castro le hice tres veces. A “Martillo” Roldán también, es más tenemos la foto con tu papá y tu abuela. Ramón Lacruz, Rubén Oyola y Abel Laudonio, entre otros.

– Si tus hermanos peleaban ¿Porque decidiste ser jurado y no seguir su camino?

– Iba al gimnasio y entrenaba también. Si quería podía pero fue pasando el tiempo y me empezó a gustar ser jurado. También hice de referí pero no me gustó.

– ¿Antes había mejor nivel de boxeadores que ahora?

– Y… Según la categoría. Antes la categoría más fuerte era la de medio mediano y que ahora no hay demasiados. Mediano Junior, hasta Medio Pesado.

Carlos Monzón y Pascual Pérez.

– ¿Los mejores boxeadores de la historia argentina?

– Varios. “Pascualito” Pérez, Horacio Accavallo, Carlos Monzón, Ringo Bonavena, Luis Angel Firpo, “Roña” Castro. No se me viene otro más a la mente.

*Llega mi abuela* – Contale del que venía a comer a casa.

– Ah sí, Miguel Ángel Cuello. Se hizo amigo. Venía a comer seguido. Fue campeón del mundo. Nos quería mucho él y la mujer. Ahora vive en Corral de Bustos. Me acuerdo que pegaba como un caballo.

– ¿Y en la actualidad cual es el mejor boxeador?

– Son contados con una mano. Creo que ninguno está para ser campeón del mundo. Desde el 2000 a hoy bajó el nivel del boxeo argentino. El último gran boxeador sería “Maravilla” Martínez.

   La charla continuó durante unos diez minutos más. También se incluyó mi abuela. Luego, ya con el partido de Argentina – Brasil suspendido por lluvia, nos comimos un buen asado, como nos tiene acostumbrados “Pocho”, bajo la luna y compartiendo otras anécdotas.

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