Cracks

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Argentina eliminada en octavos de final. Escribe Nicolás Perdomini (@NPerdomini)

Como el ruido de una galleta que partí al medio para compartirle a mi hermana. Como el chasquido de mis dedos en una mañana fría de invierno. Como el sonido que hace un cajón de maderas luego de caerle con todo mi peso corporal. Sí, eso. Eso es lo que siente el argentino promedio en ese lugar tan sensible, en ese lugar en donde habitan los sueños, en ese lugar donde habitan las ilusiones, en ese lugar donde habitan las esperanzas, en ese lugar dueño del fuego sagrado de nuestro cuerpo: En el corazón. Sí, justo ahí.  Justo ahí es.

La luna nos arrebatará el día y los ‘cracks’ en cada rincón del país se multiplicarán. Están los que fueron de mayor calibre; pues venían rebalsados de esperanza. Están los que apenas hicieron un chillido; esos que venían emparchados. Están los que se demorarán; lo sujetan fuerte para que no lo hagan. Y están los que con el correr de las horas, se irán desgarrando. Así, poco a poco. Así, como la crónica de un final anunciado.

Como el primer desamor de la adolescencia. Como esa apuñalada por la espalda de una amistad que no fue lo que creíamos. Como ocurre tiempo después de que nuestro orgullo hijo de puta nos abandona y nos deja a la intemperie tras una fuerte discusión con nuestros padres. Como golpean una y otra vez en nuestras mentes esas palabras contaminadas que alguna vez nos lanzaron cual balas de una pistola calibre 22. Sí, así. Justo así es.