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N’Golo Kanté tiene miedo de estar en un sueño y que pronto su madre lo vaya a despertar para que vuelva a las calles, nada cálidas, de los suburbios de París a buscar chatarra y ganar el pan para su familia.

Escribe Nicolás Perdomini (@NPerdomini)

Desde hace unos años el mediocampista francés comenzó a ganarse partido tras partido, recuperación tras recuperación, relevo tras relevo, quite tras quite, la atención y los elogios del público del fútbol. Fue el motor principal del Leicester de la temporada 2015/16 de Claudio Ranieri que hizo historia tras coronarse campeón de la Premier League, al año siguiente volvió a jugar un papel fundamental con el Chelsea de Antonio Conte, donde también se colgó la medalla de campeón y en el Mundial de Rusia 2018 se transformó en eje fundamental de la Francia finalista.

Sus padres nacieron y vivieron muchos años en Malí, país ubicado en África, entre Mauritania y Niger. Por la crisis y las guerras sangrientas formaron parte de las grandes olas de inmigraciones hacia Europa. Ellos recalaron en Francia, más precisamente en París y se alojaron en un segundo piso de unos pequeños departamentos ubicados en Geranimus en la zona periférica de la ciudad. Allí tuvieron nueve de hijos y uno de ellos fue N’Golo, quien nació el 29 de marzo de 1991.

La vida de estos jóvenes ha sido muy sacrificada desde un principio. Marginados y excluidos socioeconómicamente han tenido que recorrer las calles para ganarse la comida de cada día. El mediocampista del Chelsea cotidianamente deambulaba durante kilómetros en búsqueda de chatarra para poder sobrevivir. Cuando apenas tenía 7 años, su padre falleció y esas distancias que recorría junto a sus hermanos se duplicaron.

De jovencito a N’Golo le veían enormes condiciones futbolísticas pero debido a su pequeño y frágil físico no recibía suficientes oportunidades para demostrar su potencial. Con la perseverancia como bandera, y manteniendo a la frustración lejos de él, en 2012 un equipo de la segunda división de Francia, el Boulogne, apostó por él y le ofreció su primer contrato profesional.

Allí, alejado de su familia, transitó momentos de extrema dureza en un albergue de juventud. Además, era uno de los salarios más bajos del plantel. “Había días en los que se quedaba con hambre, pero nunca pidió nada a nadie”, contó una vez Christophe Raymond, entrenador de aquel equipo que luego descendería a la tercera división.

En acción frente a Argentina en octavos de final.

Las buenas comenzaron a llegar a la vida de Kanté y su carrera empezó a tomar un camino ascendente. Incluso se podría decir que ocurrió casi a la misma velocidad y eficacia con la que se desplaza por todo el campo de juego. En 2013 obtuvo el ascenso a primera con el Caen de Francia, en 2015 fue traspasado al Leicester City y un año más tarde al Chelsea. En 2016 debutó con la selección mayor de Francia, con la que participó de la Eurocopa de ese año en la que los “Galos” cayeron derrotados 1-0 en la final frente a la Portugal de Cristiano Ronaldo.

De juntar chatarra para sobrevivir, a disputar la final de un Mundial de fútbol. Es esta una historia de superación, es esta la historia de N’Golo Kanté, el futbolista que en días tiene una cita importante con la historia.

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