Compartir nota
  • 1
    Share

 

Un goleador nato de aquellas épocas de potrero a comienzos del Siglo XX. En esas tardes de barrio en Montevideo todos querían tenerlo en su equipo. Nicolás Perdomini (@NPerdomini) cuenta la historia del autor del primer gol de Uruguay en los mundiales.

No se destacaba por su altura, no era un portento físico e incluso le faltaba el brazo derecho, pero con su habilidad y destreza era garantía de gol asegurada.

Héctor Castro nació el 29 de noviembre de 1904. Formaba parte de una familia humilde de padres españoles. A los 10 años comenzó a trabajar junto a su padre, la desgracia le llegaría poco tiempo después: En un accidente laboral una sierra eléctrica le cortó su brazo derecho unos centímetros por debajo del codo.

Sus sueños de ser futbolista no se apagaron. Con la esperanza de todo goleador que espera agazapado en el área contraria en busca de mandar la pelota al fondo de la red, “el manco de oro”, como lo apodarían años después los periodistas de la época, siguió jugando con sus amigos de barrio con un único objetivo: Llegar al club de sus amores.

A los 17 años debutó en el ya desaparecido Club Atlético Lito. Allí, a fuerza de goles, logró que dos años más tarde Nacional pusiera los ojos en él y decidiera ficharlo. Su sueño estaba realizado pero su carrera aún le aguardaba muchos laureles.

Tras ganar la liga uruguaya en 1923, fue convocado a la selección nacional. Con ella disputó la Copa América de 1926 (fue campeón con 4 goles en 6 partidos), los Juegos Olímpicos de 1928 (campeón con 1 gol en 2 partidos) y el primer Mundial de la historia del fútbol en 1930, donde no solo quedó registrado en todos los libros por formar parte de aquel plantel que se alzó con el título, sino por ser el autor del primer gol de Uruguay en los mundiales.

En 1935 se colgó su última medalla de oro con la selección. Fue en la Copa América de 1935 donde marcó 2 goles en 3 partidos. Un año después se retiró y se convirtió en entrenador de Nacional en donde obtuvo los campeonatos nacionales de 1940, 1941, 1942, 1943 y 1952. Una historia para enmarcar: La historia de “El divino manco”.

  • 1
    Share