Rubin Carter: El símbolo de la injusticia racial

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La historia del boxeador estadounidense que recibió sus golpes más duros y desleales fuera del ring. Un robo a la vida en el Siglo XX.

Rubin Carter es quizás sinónimo de lucha, aunque afuera del ring. Nació en Paterson en 1937, siendo el cuarto de siete hermanos. Desde chico sufrió por el racismo reinante en Estados Unidos: a los 14 años fue enviado a un reformatorio acusado de asalto pese a que él dijo que estaba defendiendo a su amigo de un pedófilo. Al poco tiempo se escapó para enrolarse en el ejército. Duró menos de dos años y fue condenado a nueve meses de prisión por su escape. Su adolescencia la pasó encerrado, aunque en esos lugares aprendió a defenderse y a superar su tartamudez. Acá es donde se convirtió en boxeador profesional.

En 1963 venció al campeón mundial Emile Griffith en el primer asalto ganándose el apodo de “Hurricane” por la velocidad con la que superaba a sus rivales. Un año después, combatió por el título mundial mediano frente a Joey Giardello pero perdió por decisión unánime en un fallo que generó polémica ya que los jurados demoraron mucho en dar a conocer la resolución. Incluso él llegó a denunciar racismo. Lo que venía era mucho peor.

Una noche de 1966 estaba en un bar tomando unos tragos con su amigo. De repente, llegó la policía y los detuvieron siendo acusados de cometer un triple crimen. El juicio, llevado a cabo por un jurado de blancos, estuvo cargado de irregularidades y prejuicios raciales. El fallo, como contra Giardello, fue injusto, abusivo e improcedente: Tres cadenas perpetuas. “No estoy en la cárcel por asesinato. Estoy en la cárcel porque soy un negro en Estados Unidos”, declaró posteriormente.

En 1975, Bob Dylan compuso “Hurricane” a modo de protesta. El legendario Muhammad Ali, por su parte, encabezó marchas para pelear por la inocencia de Rubin. En consecuencia, lograron que se lleve a cabo un nuevo juicio. Pero obtuvo el mismo resultado.

Diez años después revisaron la condena debido a la presión de la comunidad negra. De ahí surgieron elementos de racismo, corrupción policial y falsificación de pruebas por lo que lo liberaron inmediatamente. Sin embargo, los casi 20 años encerrado injustamente, nadie se los devolvió. Lejos de tomar rencor se dedicó, hasta su muerte en 2014, a defender a presidarios condenados injustamente.

Un boxeador símbolo de la injusticia racial que recibió duros golpes desleales en su vida, pero nunca bajó los brazos.

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Jonathan Rosenberg
Jonathan Rosenberg

Redactor.

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