James Braddock, el boxeador infravalorado

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Fue campeón del mundo, sufrió la crisis económica de 1929 y participó de la Segunda Guerra Mundial. Una historia de superación del Siglo XX.

“No tires la toalla, que hasta los más mancos la siguen remando”, dice el estribillo de “Avanti Morocha”, canción compuesta por Los Caballeros de la Quema. Muchos boxeadores tuvieron que sobreponerse a duros desafíos a lo largo de sus vidas, dejándonos una enseñanza: No rendirse, no flaquear ante cada obstáculo presente en un camino. Este es el caso de James Braddock.

Braddock nació en 1905 en Nueva York. Incursionó en el boxeo desde chico y teniendo 21 años fue profesional. En 1928, peleó por primera vez por el título mundial de la categoría semipesado frente a Tommy Loughran, púgil estadounidense, perdiendo la pelea por puntos.

La crisis económica de 1929, originada por la caída de la bolsa de Wall Street, a la que se llamó Gran Depresión, afectó su vida al punto de tener que abandonar el boxeo e ir a trabajar al puerto de su ciudad. Aun así, el dinero no le alcanzaba para darle una vida digna a su familia y tuvo que pedir caridad, algo que lo atormentó muchísimo.

Dedicándose a obtener dinero de donde podía, en 1934, el boxeo le dio otra oportunidad: Pelear contra John “Corn” Griffin. Él no la desaprovechó y lo noqueó en el tercer asalto. A esa victoria le siguieron otras frente a John Lewis y Art Lasky, por ese motivo la prensa le puso el apodo de “Cinderella Man(El hombre Cenicienta) ya que en ninguna pelea de las que ganó, era el favorito.

En 1935, gracias a esas victorias, tuvo la chance de pelear nuevamente por el título mundial pesado contra Max Baer en el Madison Square Garden. Contra todo pronóstico y haciéndole honor a su apodo, le ganó por decisión unánime.

El boxeador que hizo cualquier cosa para darle un plato de comida a su familia se convertía en campeón mundial. Un sueño hecho realidad.

En la pelea posterior no pudo defender el título mundial frente a Joe Louis pero antes se aseguró del futuro de su familia: Negoció que el 10% de las ganancias futuras de Louis vayan para él durante diez años.

En 1938 hizo su último intento frente a Tommy Farr, pelea que ganó por puntos, y colgó los guantes despidiéndose de aquello que lo hizo feliz durante más de 10 años. De todas formas sus aventuras siguieron ya que se unió al ejército junto a su representante y sirvió, antes que finalice la Segunda Guerra Mundial, en la isla de Saipán.

En 1974 falleció mientras dormía en su casa ubicada en Nueva Jersey. Se fue así, un hombre que luchó contra toda adversidad. Se fue así, “El hombre Cenicienta”.

James fue incluido en el The Ring Boxing Hall of Fame en 1964 y en 2001 en el International Boxing Hall of Fame. También un parque en Nueva Jersey lleva su nombre como homenaje.

 

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Jonathan Rosenberg
Jonathan Rosenberg

Redactor.

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