La revolución verde

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“Es ahora, súbanse a la ola o vean como las aplasta”. La Revolución que se necesitaba ya llegó.

A veces, la vida me sorprende. Voy obligadamente caminando por los malditos senderos de la vida neo-liberal, sin ganas de prestarles la debida atención o preocuparme si quiera por el contexto que me rodea. Será porque perdí (o había perdido) las esperanzas de una “Revolución” que haga que todo cambie, que haga entender que lo personal, es político, y que la política no debe favorecer a ricos y poderosos, si no servir para representar a todxs por igual, derrumbando las desigualdades sociales que se generan.

Sin embargo, por fortuna, hace unos 3 años nació algo que hace mucho tiempo se estaba gestando y creció como hace tiempo no pasaba. Y las protagonistas eran en su mayoría mujeres. El grito de ese momento era “Ni una menos” y fue gracias a esas voces que se empezó a entrever la corriente “Feminista” en nuestro país. Ganaron las calles, hicieron que su grito (y el de las que no tenían voz) se escuchara en cada provincia. América Latina se despertaba con sus voces. No se detuvieron ahí, fueron por más, fueron más, se agruparon, se organizaron y me hicieron creer en que esa revolución que tanto quise será posible.

Es fácil empatizar con ellas y comprender su lucha, solo hay que abrir la cabeza y el corazón, dejar los prejuicios de lado y darse cuenta que en esta lucha, el machismo no tiene género ni religión.

Todo esto no pude aprenderlo solo en un día de investigación, tuve que replantearme todo lo que hacía mal como hombre y escuchar a las que gritaban con tanto fervor. Una de esas voces fue la de Verónica Morais, ciudadana de La Plata, hermana de la vida y luchadora incansable. Sin su ayuda a esta historia le hubiera faltado algo. Desde este momento, en este texto, van a poder leer a una de las voces que se escuchó y se seguirá escuchando cada vez más fuerte.

(Escribe Verónica Morais, defensora de los derechos de las mujeres)

Lo que más sorprende, es ver tan involucrada a la juventud. Veo muchas jóvenes de 13, 14, 15 años en marchas, planearios, asambleas, manifestaciones, organizando asambleas, expresándose en redes y contando sus realidades. Son las pibas las que están comprometidas, las que tristemente han tomado conciencia de que salir a la calle significa correr el riesgo de no volver, las que tiemblan en las paradas cuando se quedan solas esperando un colectivo, las que saben desde niñas que es su cuerpo las que las hace correr peligro, un peligro que los hombres no corren.

Imagínense ver el mundo con esa óptica, transitar la vida en los zapatos de niñas jóvenes y adultas, que desde siempre sufrieron los ambientes del patriarcado. ¿Cómo no comprender que se involucren por salir de este esquema? ¿Cómo cuestionar que prediquen el  feminismo, que hagan que se escuche lo que las demás tienen para decir? Desde el dolor aprendieron que la única forma de combatir la violencia machista es organizándose, mostrándose para generar conciencia, sin callarse, sin sentir vergüenza “Nunca más”.

No importa como hayan llegado, lo importante es que lo hicieron para quedarse. Algunas aprenderán a detectar actitudes violentas de sus parejas, o a advertir a las otras con sus parejas, dejando de verla como “normal” y comenzando a combatirla. Otras aprenderán a defenderse en la calle de los tipos que las acosan. Y podríamos seguir nombrando distintas herramientas. Lo importante es que todas salieron del mismo lugar y serán usadas para lo mismo.

En varios casos sus madres no eran ni son feministas. Pero ellas, conscientes de haber nacido en senos alineados, sí. Y es porque quieren dejar de arrastrar las viejas estructuras que les impone esta sociedad actual, muchas veces a hombres y mujeres por igual. Saben que esto puede y debe cambiar, y no se sientan a esperar que ocurra, hacen que ocurra. Y nadie puede negar que la realidad va cambiando paulatinamente con su accionar. 

Los que pasó el 8 de agosto fue una clara muestra del padecimiento de las mujeres, de su negativa a perpetuarlo, de la empatía de sus pares, de la sororidad. No fue una derrota, sino una posibilidad. El mundo entero tenía puesto los ojos en ellas. Esto es solo el comienzo, el quiebre hacia un salto cultural innegablemente inminente y pese a la moralidad actual que se le resiste. En 3 años pasaron de la furia del “Ni Una Menos” a pelear por la adquisición de derechos soberanos y a discutir los mandatos de esta sociedad patriarcal. Y, lo más importante, dándoles a los hombres la posibilidad de hacer una lectura distinta del mundo, comprendiendo que los roles y los mandatos son imposiciones culturales y no biológicas.

Retomo para finalizar. Dijo una vez Ofelia Fernández, militante feminista: “Es ahora, súbanse a la ola o vean como las aplasta”. La Revolución que se necesitaba ya llegó.

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Cristian Sorano
Cristian Sorano

Redactor.

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