Primates

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Un día de fútbol en Argentina en su máxima expresión. Con el folclore y la pasión como banderas. ¿O cómo escudos?

Era el sábado soñado. No trabajaba, no tenía cosas de la facultad, había juntada de amigos y las cervezas aguardaban bien frescas en la heladera. En la cocina, Lautaro preparaba un salame especial para la ocasión. En el living Mauro y Gustavo se medían en la Play para ver quien pagaba el fernet de la noche. Era a un solo partido y con selecciones. Afuera, en la pileta, Francisco, Bautista, Martina y Valentina debatían sobre lo que se aproximaba. Histórico, épico e increíble eran los calificativos que más se repetían en la conversación. Todo era amistad, aún faltaban cinco horas para el gran partido.

Faltaba cada vez menos. Cada uno agarró una silla y se pusieron frente a la televisión. Algún que otro chiste, rezo, cábala y el twittero que nunca falta.

De un momento a otro, comenzaron a hacer zapping y todos los canales mostraban lo mismo. Escándalo. Rompieron el micro que trasladaba al plantel de Boca. “Está bien, son visitantes, hay que hacerles sentir el rigor”, manifestó con aires de orgullo Bautista. “Después van a La Bombonera y lloran”, respondió Valentina.

La cosa empeoró. La transmisión mostró la llegada del plantel Xeneize al vestuario y había jugadores lastimados, algunos con signos de vómitos y otros a las puteadas. “Bánquensela, putos”, se escuchó entre el grupo de amigos. El twittero, por su parte, les comunicó a sus 84 seguidores que les iban a matar al tercero a las gallinas.

Partido demorado y los videos de la agresión comenzaron a aparecer en la televisión. “Uh, que hermoso piedrazo ese. Ojalá le hayan pegado a Jara”, dijo Martina, fanática de Boca. “Igual, hablando en serio, no pueden ser tan cagones estas gallinas”, agregó. Y ahí la cruzó Francisco con un “¿Qué decís? Cagones son ustedes que tiraron gas pimienta y abandonaron”.

Que las 18, que a las 19.15. El partido no arrancaba más. Que espera tan larga.

Los de la tele agarraban el micrófono y tiraban palabras. Palabras y más palabras. Era una gran competencia. Nunca en la historia de la televisión, creo, se escucharon tantas cosas en dos horas. Que ingenio. Que inteligentes.

En los alrededores del estadio la policía despilfarraba balas de goma contra los cuerpos de las personas. Algunos devolvían con más agresión. Otros trataban de resguardarse junto a sus criaturas.

Los canales nuevamente colapsaron de una misma noticia. Esta vez era la imagen de una madre pegándole bengalas en el cuerpo a su hija, de no más de 8 años, para pasar al estadio. “Jaja, que hija de puta”, dijo uno en un tono para nada serio y reflexivo.

Partido postergado para el domingo. Que al pedo nos juntamos. “Que llorones que resultaron los bosteros, eh”, gritó desde el patio Bautista. “¿Nosotros llorones? Y mirá a ustedes como los corre la policía afuera del estadio. Igual que siempre, descendido”, devolvió Lautaro. “Callate, boliviano”, replicó Bautista.

Los padres de Martina estaban llegando y en la casa había desorden de botellas y comida. Les pidió que se vayan que tenía que acomodar y avisó que a las 12 los encontraba en el bar de siempre.

El twittero envió su último mensaje de moral en la red social, se levantó, saludó a su amiga, arrojó su lata de cerveza por la ventana y se fue.

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Nicolás Perdomini

Periodista.

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