Zambia: El dolor de un país

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La selección de fútbol soñaba con disputar el Mundial de 1994. Un vuelo trágico sepultó en el fondo del océano atlántico las esperanzas de todo un país.

Cuesta mucho ponerse a pensar por qué ocurren las cosas. Esa pregunta me surgió cuando ocurrió el accidente de Chapecoense y me la vuelvo a hacer al escribir esta nota. Una tragedia que acabó con la generación de oro de Zambia y que hasta el día de hoy se recuerda.

Zambia, colonia británica hasta 1964, nunca pudo aprovechar las oportunidades que se le presentaban para ser una selección africana de nivel. En la década del ’90 el panorama cambió rotundamente. La apuesta por técnicos nacionales, clubes llegando a las instancias finales de copas internacionales y las grandes camadas de futbolistas convirtieron al país en una potencia futbolística.

Nada de esto hubiera sido posible sin su máxima figura: Kalusha Bwaldya, mediocampista de enorme talento considerado mejor jugador de África en 1988 que jugaba en el PSV Eindhoven de Holanda. Él junto a sus compañeros ilusionaron a todo un país clasificando a la última fase eliminatoria para el Mundial de Estados Unidos de 1994. Pero ocurrió lo peor.

La ruta del vuelo que acabó en tragedia

El rival era Senegal y el partido se disputaría en Dakar, capital de aquel país. La Federación alquiló un avión de las fuerzas aéreas que el 27 de abril de 1993 salió desde las Islas Mauricio y tenía programado realizar tres paradas. La segunda en Gabón fue mortal. Un motor se incendió y, acto seguido, el piloto apagó el otro lo que generó que se hunda en el Océano Atlántico. Los 30 pasajeros murieron. Entre ellos, el presidente de la Federación, todo el cuerpo técnico, los médicos y 18 jugadores.

Sólo tres jugadores de ese plantel se salvaron. Y fueron aquellos que jugaban en Europa y que realizaban el viaje por su parte. Uno de ellos era Kalusha.

Lejos de deprimirse armó otra selección para homenajear a sus compañeros. Hizo de técnico, ojeador, goleador, líder y guía al mismo tiempo, pero se quedaron a sólo un gol de ir al Mundial.

Una historia terriblemente trágica que acabó con una generación que parecía que se llevaba el continente por delante e iba a cumplir el sueño más grande y hermoso para un país: disputar un Mundial.

18 años después precisamente en Gabón y con Kalusha como presidente de la Federación, Zambia salió campeón de la Copa africana y así, se le dio una alegría a un país que todavía llora por sus víctimas.

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Jonathan Rosenberg
Jonathan Rosenberg

Redactor.

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