Balotaje en Brasil: Las horas más oscuras

 

En Brasil se está por tomar una decisión trascendental no sólo para el país sino para el resto de Latinoamérica. El balotaje entre Jair Bolsonaro y Fernando Haddad trata de mucho más que una elección, marca el futuro y muchos medios no lo ven.

La noticia que configuró la primera plana de los principales medios internacionales las últimas semanas fue el triunfo de Jair Bolsonaro en las elecciones presidenciales de Brasil. Aún sin alcanzarle para ganar en primera vuelta, la diferencia con el candidato del Partido Trabajador (PT), Fernando Haddad, es casi irreversible.

La mirada de casi todos los medios fue positiva. Hay que ahondar mucho para encontrar una opinión crítica. La mayoría tiene una postura muy superficial tratando con demasiada liviandad una cuestión muy grave. El aportar sólo datos meramente estadísticos sobre cómo fue la elección deja de lado dos cosas.

Por un lado, la situación política y socioeconómica que tiene Brasil. Aumento de la pobreza y de la mortalidad infantil, cobertura de vacunación deficiente que produjo la vuelta de enfermedades que ya estaban erradicadas, incremento de la violencia y la desocupación. Estos datos son muy importantes para analizar el voto de la población y no se pueden omitir. Por otro lado, se utilizan palabras como “fenómeno”, “arrasó”, “resultados asombrosos” para referirse a Bolsonaro, teniendo todas una carga positiva. Y eso es lo peligroso y lo que falta decir: La explicación sobre quién es Jair Bolsonaro.

Jair Bolsonaro, ex militar, hizo campaña diciendo que “los negros no sirven ni para procrear. Algunos sólo para votar”, que es “mejor que un hijo muera en un accidente de tráfico a que salga homosexual”, que sus hijos jamás saldrán con una negra porque están muy bien educados, que las mujeres tienen que cobrar menos porque se quedan embarazadas, que está a favor de la tortura y que la dictadura militar debería haber matado, en vez de torturado, y que si mueren inocentes no pasa nada (siempre y cuando no sean familiares suyos). Aun así, 6 de cada 10 brasileños lo votó y todos estos datos y declaraciones no se pueden dejar pasar.

Los medios de comunicación ocupan un lugar central en la vida social de las personas. Además de informar y entretener -aunque actualmente es más entretener que informar-  configuran la vida de las personas, aunque estas no se den cuenta. Por eso, la omisión de lo expuesto anteriormente no parece casual, sino que la bajada de línea responde a ciertos intereses. Es peligroso que cuando un periodista escribe no diga que Bolsonaro está en contra de los negros, las mujeres, la comunidad LGTBQ, los indígenas, los campesinos y a favor de las armas, del autoritarismo, de la tortura y de disparar a matar como él dijo en varias entrevistas.

La cobertura en Brasil, por citar un ejemplo, fue bastante clarificadora en ese sentido. En cualquier manual de periodismo, millones de personas en las calles que no estaban a favor de un candidato y de sus ideas, es una noticia que debe tener una cobertura prioritaria. Pero la manifestación fue casi ignorada.  Los grandes periódicos pusieron fotos en la portada, pero prefirieron otro titular. La mayoría también se limitó a decir que hubo manifestaciones en contra y a favor, como si fuera lo mismo. ¿A quién ayuda esto? A Brasil no, y sin duda tampoco al periodismo de calidad.

La liviandad en la cobertura sobre las elecciones en Brasil sorprende y espanta. Es difícil imaginarse lo que una persona como Bolsonaro, teniendo poder, pueda llegar a hacer. Acá nadie puede decir que le vendieron gato por liebre. Los brasileños sabían de antemano a quién votaban y ojalá que cuando asuma como presidente, porque la diferencia con Haddad es casi irreversible, no sea demasiado tarde.

Jonathan Rosenberg
Jonathan Rosenberg

Periodista.

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