Charles Lecrerc: Pilotear la vida

Charles Lecrerc: Pilotear la vida

9 abril, 2019 0 Por Nicolás Perdomini

De niño veía las carreras de Ferrari junto a su padre e idolatraban a Ayrton Senna. Se aferró de tal manera a su sueño que ni las muertes de su progenitor y de su padrino lo pudieron parar. La dura historia de la joven promesa de la escudería italiana.

Como una película emotiva, en la que comienza con ilusión, su trama se inunda de tristeza y golpes de la vida y el final es una (gran) moraleja de superación personal y sueños cumplidos. Así se podría visualizar el inicio de la trayectoria del piloto de Fórmula 1 Charles Lecrerc.

Su pasión por el automovilismo se remonta en un primer momento a los genes que heredó de su padre. Herve Lecrec nació a fines de la década del ’60 en Francia. Entrado a su adolescencia comenzó a correr en la Fórmula 3, una de las antesalas al máximo circo mundial. Dicen, los que pudieron verlo en pista, que tenía un buen potencial. Sin embargo, decidió bajarse del auto tras el nacimiento de su hijo Charles en 1997.

El jovencito odiaba ir a la escuela. En numerosas ocasiones ha contado que solía decirle a su padre que no se sentía bien para ir y luego terminaba dando vueltas en su karting hasta que la nafta se terminara. “Esto es lo que quiero para mi vida”, pensaba el monegasco. Su padre lo acompañó a cada carrera de su infancia y preadolescencia. Incluso, cuando ya no pudo darle el apoyo económico, logró hacer contacto con Nicolas Todt para que le dé una oportunidad a su hijo de integrar el equipo de protegidos en “All Road Management”. En las conversaciones también estuvo involucrado Jules Bianchi, padrino deportivo y gran protector del joven Lecrec.

En su primer año en el equipo Charles respondió siendo campeón del campeonato mundial de Karting en la clase KF3. En 2012 y 2013 obtuvo subcampeonatos mundiales y europeos hasta que en 2014 dio el salto a su primer auto monoplaza, un Fórmula Renault 2.0 en el que estuvo cerca de ser campeón, tras volver a obtener un subcampeonato.

Luego pasó a la F3, categoría hasta la que llegó su padre en la década de los ’80, y obtuvo grandes victorias que lo catalogaron como una de las máximas promesas automovilísticas. Tal es así que, en 2016, firmó con la Academia de Jóvenes Pilotos de Ferrari.

La vida lo estaba esperando

Mediaba el 2015 y todo era bandera verde para Charles. Su carrera iba en ascenso, y a alta velocidad. Pero la vida lo estaba esperando para darle un buen sacudón. De esos que te ponen de rodillas.

El 17 de julio de 2015 los medios confirmaron el fallecimiento de Jules Bianchi tras 9 meses de agonía luego de accidentarse contra una grúa en el circuito de Susuka, Japón, a bordo de su Fórmula 1. Aquella noticia impactó de lleno al mundo ‘fierrero’. Se había perdido una vida y un enorme talento. Apenas tenía 26 años y muchos sueños que no pudo completar. Aquella muerte fue la primera luego de la de Ayrton Senna, 20 años antes en Italia.

Bianchi era todo para él. Fue, junto a su padre, quien más lo había acompañado, aconsejado y enseñado durante sus primeros pasos. El golpe que la vida le propició hizo madurar a Lecrec

“Nunca lo superé. Quizá nunca lo haga. Pero nunca tuve ninguna duda acerca de continuar. Todo lo que siempre he querido ha sido correr”, sostuvo en su momento.

Jules Bianchi soñaba con correr para Ferrari. Una escudería que admiró de muy pequeño. De hecho, durante sus comienzos en la F1, llegó a rumorearse que los italianos estaban interesados en él.

Otro (gran) sacudón

Hecho el duelo por el fallecimiento de su padrino, Charles Lecrec volvió a centrarse en lo suyo, sin olvidarse de todo lo aprendido bajo el hombro de Jules.

Ya en 2017 como piloto de la Academia de Ferrari, el francés era el líder indiscutido de la F2. Se acercaba el fin de semana y con ello, la fecha en Bakú. De un momento al otro, su celular sonó y él quedó mudo: una voz le decía que su padre había tenido una muerte súbita.

Lloró un día entero. Pero su espíritu competidor lo hizo viajar de inmediato a Bakú, aún pese a las recomendaciones del equipo para que no corriera. Aquel fin de semana Charles ganó las dos carreras disputadas. “Cuando era segundo, mi padre no estaba contento, así que me concentré en ganar. Solo ganar. Para asegurarme de que aún sonreía”, había explicado.

En ese campeonato se consagró campeón con tres fechas de anticipación. Todo estaba listo. El gran salto lo estaba esperando.

En 2018 estampó la firma con la escudería Sauber y se convirtió en piloto titular para afrontar la temporada F1. Y tal promesa no decepcionó. En su primera temporada superó todas las expectativas y consiguió hitos como alcanzar la Q3 y finalizar octavo en el GP de Francia o una extraordinaria sexta plaza en Azerbaiyán –el mejor puesto alcanzado por un Sauber desde 2015– a sólo 9 segundos del ganador de la carrera y donde mantuvo a raya durante las últimas vueltas al mismísimo Fernando Alonso, que fue incapaz de superarlo.

Ferrari no dudó y posó sus ojos en él. Con Sebastián Vettel como figura, debían encontrar un segundo piloto ya que la relación con Kimi Raikkonen se terminaría a finalizar el año. Las conversaciones habían comenzado en marzo, pero el vínculo se confirmó a mediados de 2018. Y así lo comunicó él en su cuenta de Twitter:

“Los sueños se hacen realidad… Voy a pilotar para Ferrari para el Mundial de Fórmula 1 2019. Estaré eternamente agradecido a la Scuderia por la oportunidad brindada. A Nicolas Todt por apoyarme desde 2011. A mi familia️”.

“Gracias a una persona que ya no es parte de este mundo pero a quien le debo todo lo que me está pasando, papá. A Jules, gracias por todo lo que me enseñaste, nunca te olvidaremos, ni olvidaré a todas las personas que me apoyaron y creyeron en mí”.

“Trabajaré más duro que nunca para no decepcionaros. Pero primero, hay que acabar la temporada con un equipo increíble que me dio la oportunidad de luchar y mostrar mi potencial. Vamos, Sauber ️”.

En octubre cumplirá 22 años. Dueño de un talento y una mentalidad formidable, pero también de una humildad distintiva en el mundo de la F1, el joven Lecrerc tiene todo para convertirse en una leyenda de la máxima categoría mundial del automovilismo. Una historia de superación que recién está en sus primeros capítulos.