Cuando Roger es Roger en su máxima expresión

 

Muchas veces a los deportistas les cuesta mostrarse tal cual como son. La exposición, la fama y la popularidad son impedimentos de consideración a la hora de decir o actuar de una u otra manera. Sin embargo existen detalles y acciones que los dejan al descubierto. Y el suizo no es la excepción. 

Todo comenzó el 6 de julio de 2003 en Londres, Inglaterra. La luna ya había reemplazado por completo al sol y en la mente de un joven tenista de 22 años que había ganado su primer Grand Slam acababa de brotar un germen: Ayudar a los más necesitados.

Un tiempo atrás, en una carta, Federer recordó sobre aquella época: “A la edad de 22 años, yo era un tenista que había ganado su primer título de Grand Slam e iba camino de convertirme en el número 1 en el mundo. Pero tener éxito profesional no era suficiente. Ahí surgió el momento en el que me pregunté a mí mismo: ¿Cómo quiero desarrollarme a nivel personal?”

Esta inquietud brotó en contexto a los recuerdos de su niñez que lo visitaban continuamente. Lynette Federer, su madre, nació en Sudáfrica. En sus visitas a aquel continente, el pequeño Roger convivió y creció rodeado de pobreza extrema; situación que no dejó de generarle angustia hasta que por fin pudo concretar su deseo: La Fundación Roger Federer.

Dicha organización tiene como objetivo primordial mejorar el mundo de los niños que viven en la pobreza en el sur de África y de Suiza. Y que estos puedan tomar el control de su futuro y darle forma activamente. La prioridad estratégica es la asistencia de servicios de apoyo ya existentes pero esencialmente insuficientes, en centros de atención a la primera infancia, preescolares y escuelas primarias para niños de entre 3 y 12 años de edad, así como la mejora de su eficiencia y eficacia. Hoy en día son 80 las escuelas que están funcionando y con una inversión de más de 13,5 millones de dólares.

En 2013, en la celebración por los diez años de la Fundación, se estableció un objetivo: En un plazo de cinco años, lograr apoyar a un millón de niños. En lo que va del año, los informes han reportado que el número supera los 900.000.

A lo largo de su carrera, Federer ha levantado 98 títulos ATP y recibió también tantas otras distinciones individuales. A esa extensa lista, a fines de 2017, pudo agregar la de “Doctor Honoris” otorgado por la Universidad de Basilea debido a sus esfuerzos caritativos.

“Tarde o temprano, llegará el momento en el que mi carrera tenística esté terminada y tenga más tiempo para dedicarme a mi fundación. Definitivamente espero poder viajar más a África, visitar nuestros programas y recaudar más dinero para nuestra causa. Por supuesto habrá desafíos en el camino, pero espero crecer en mi conocimiento y experiencia todos los días. Convertirse en un buen filántropo es un viaje sin fin”, concluyó el ‘Maestro’ en aquella carta escrita años atrás. Cuando la humildad excede su grandeza y legado. Cuando Roger es Roger en su máxima expresión.

Nicolás Perdomini

Periodista.

Deja un comentario