Los Espartanos: de utopía del sistema a una realidad

Un día una pelota ovalada ingresó a una penitenciaria y los hábitos cambiaron. El deporte como factor de cambio de las sociedades.

La historia de los espartanos nace como una utopía del sistema: ¿quién iba a creer que reclusos marginados de la sociedad iban a dedicar parte de su estadía en la cárcel al jugar al rugby? ¿quién iba a creer que en Argentina se iba a llevar adelante un proyecto de rugby dentro de una penitenciaria?. Esto era impensado. Sin embargo, en 2009 todo cambió. Eduardo Oderigo, ex jugador de rugby y actual abogado penalista decidió cambiar la realidad y la vida de esos muchachos fundando un grupo en el cual prevalezcan los valores del deporte.

Todo comenzó por un amigo de él, quien en reiteradas ocasiones le insistió a Eduardo en conocer un penal. Entre idas y vueltas, y cuestiones del destino, cayeron en el establecimiento penal número 48 ubicado en Camino de Buen Ayre y Debenedetti, partido de José León Suárez (San Martín). Cuando cruzó por primera vez la puerta que, sin saberlo, iba atravesar todos los martes a las nueve durante los siguientes días de su vida, vio un panorama desalentador. Hombres sujetos a cualquier tipo de droga, viviendo en condiciones inhumanas, ejerciendo y, a su vez, recibiendo cualquier tipo de violencia -física y psicológica- no solo entre ellos, sino también por parte de sus superiores. Frente a esas adversidades, pensó que podía hacer algo. Pensó que podía lograr cambiarles la vida a muchos de esos hombres. Y logró hacer algo innovador: forjó un equipo de rugby con reclusos locales llamado “Los Espartanos”.

Entre las paredes del penal de San Martín se encuentra el pabellón 8, un lugar exclusivo para quienes forman parte del equipo de Oderigo. Durante el lanzamiento de ese nuevo proyecto tuvo fuertes críticas por parte de Pablo Gregorini, actual director del penal de San Martín, “¿de verdad pensás que tiene algo de positivo enseñarles rugby, un deporte ultraviolento, a personas ultraviolentas? Es como echarle fuego al agua”, había expresado el mandatario hace ocho años a Clarín. A su vez, muchos calificaban a ese equipo como un “invento”, una “idea alocada”, “un proyecto que iba a fracasar”. Sin embargo, todos esos obstáculos no le impidieron a Eduardo caer un martes cualquiera de 2009 con una pelota – la guinda- para enseñar rugby a unos internos.

Los problemas no terminaron ahí. Al primer entrenamiento asistieron 10 internos, todos drogados. Parecía que la ilusión con la que había arrancado se iba a desvanecer por completo. Sin embargo, con dedicación y esfuerzo todo cambió. Al tiempo de haberse instalado en el penal se fue ganando la confianza de los reclusos, quienes dejaron de caer drogados a los entrenamientos y empezaron a implementar reglas de comportamiento, como, por ejemplo, “el prohibido fumar dentro de la cancha”. En la actualidad, el plantel cuenta con 106 jugadores, todos comprometidos con el equipo.

Como adictos que encuentran su salvación a partir de la palabra del señor o en grupos de autoayuda, los espartanos encontraron una vía de escape a la vida carcelaria que llevan en el deporte. Por primera vez la sensación de estar dentro de una cárcel se desvanece: se respira libertad y no encierro. “Jugar al rugby me limpio el alma, me cambió la cabeza y me sano el corazón. Antes dormía con la nueve milímetros bajo el brazo. Hoy me siento una buena persona y se lo debo a esto”, así lo expresa Roberto Alejandro “Pupi” Sandalie, en una entrevista al diario Clarín.

Las estadísticas acompañan al proyecto. Según datos del Servicio Penitenciario Bonaerense, que pertenece al Ministerio de Justicia, fueron alrededor de 500 los internos que pasaron por Espartanos. Según Oderigo a Clarín, de 100 que recuperaron la libertad porque cumplieron su condena, 47 trabajan en blanco y apenas 6 reincidieron. La contracara con la población carcelaria en evidente, ya que según la Universidad de Tres de Febrero, reincide el 67,5 por ciento de quienes quedan en libertad.

Por lo tanto, para muchos es normal que quienes caen a la cárcel salgan con más armas para robar. Que ejerzan mucha más violencia a la sociedad, que expresen todo su odio contra ellos, sea a través de un robo o matando. Que el rencor y la bronca sean las características principales que incorporan una vez dentro de esas paredes. Sin embargo, Espartanos va en contra de toda esa realidad. Espartanos permite libertad.

Matías Rodríguez
Matías Rodríguez

Redactor.

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