Desprejuiciados son los que vendrán

Desprejuiciados son los que vendrán

25 marzo, 2019 0 Por Daniela Pellegrini

“… y los que están ya no me importan más”, sostiene Charly García en No Soy Un Extraño. Esto lo escribió a principios de los años ochenta, y hoy cobra un sentido de total relevancia y verdad en el actual proceso de desconstrucción.

Estamos viviendo tiempos de cambio, lo sabemos todos. Hay un sentimiento colectivo de querer avanzar como sociedad. ¿Avanzar? ¿Qué es avanzar? No sé. Pero estoy segura de que estamos luchando por un mundo mejor, más justo, para todos y todas. Me veo a mi misma hace, no sé, 10 años y reconozco que eran tiempos distintos, donde tenía la certeza de que las cosas eran de una forma y no podían ser de otra. Ahora retrocedo en el tiempo y me cuesta creer la naturalización que manejábamos con respecto a ciertos temas. Deconstrucción, le llamamos. Un proceso difícil pero necesario. Pienso en lo terrible que es darse cuenta de lo mal que estaban las cosas. No estoy diciendo que ahora hayan mejorado mucho, pero, vamos camino a eso. Este es el punto: vamos camino a eso.

El otro día en el colectivo camino al trabajo, vi a un chico de aproximadamente 12 o 13 años, con su guardapolvo blanco, yendo a la escuela. En su mochila tenía atado un pañuelo verde. No pude evitar sonreír un poco al verlo. Hacía memoria y pensaba en qué estaba haciendo yo a esa edad. Eran otros tiempos y claramente no estaba al tanto de nada sobre esa cuestión. Es más, no creo que haya estado tampoco muy enterada de lo que realmente significaba un aborto. Me invadió un sentimiento de esperanza, algo que generalmente no me ocurre. Porque, vamos, todos queremos cambiar el mundo, pero a veces me sacude la realidad tan triste que desprende esta sociedad y pienso, ¿realmente será posible cambiar?

También pienso en aquellos que militan por dejar todo como está, que militan la desigualdad de derechos, la continuidad de la injusticia. Pero ahora quiero enfocarme en aquellxs que tienen la esperanza y las ganas de cambiar el mundo. Lxs niñxs y adolescentes están teniendo el privilegio de vivir en una sociedad un poco más justa. Una sociedad en la que puedan expresarse libremente, sus ideas, sus verdaderas identidades.

Hemos sido testigos de grandes avances, como por ejemplo Tiziana, una niña trans de Salta que a los 10 años recibió el DNI que acredita su verdadera identidad, la que ella siente. Niñxs y adolescentes que asisten a las marchas proclamando la legalización del aborto, están luchando por su propio futuro, el que les pertenece, el que deberíamos tener. Necesitamos una sociedad más justa para todxs, no podemos conformarnos jamás.

El día que nos conformemos será un día perdido. Así como se han notado ciertos avances, también está la cara contraria, la que no podemos aceptar de ninguna manera. Estamos en una lucha constante. Todavía hay mujeres pobres que mueren por abortos clandestinos, porque no pueden acceder a ningún tipo de información. Todavía hay abusos y acoso. Todavía hay desigualdad de género, económica y social. Todavía hay personas que niegan la última dictadura cívico militar. Todavía hay personas que dicen que los desaparecidos no fueron 30.000. Todavía hay personas que no pueden ponerse por un segundo en el lugar del otro. Hay situaciones que son realmente incomparables como para solo ponerse en el lugar del otro, pero no por eso no vamos a no salirnos de nuestra zona de confort.

Estamos hablando de derechos humanos, no podemos dejar que todo esto nos pase por al lado sin hacer algo, sin replantearnos, aunque sea un poco, el hecho de que la desigualdad nos mata. Lamentablemente no todos tenemos las mismas oportunidades, es muy difícil cambiar esto ya, lo que no quiere decir que sea imposible. Hemos vivido épocas tan oscuras que esta realidad nos es algo liviano. Que la historia nos encuentre del lado de la libertad, la igualdad y la justicia, es una decisión nuestra.

Todxs nacimos interpelados por la realidad social que nos tocó, cambiarla es nuestra responsabilidad. Salirnos del molde, movernos, no quedarnos calladxs, es lo que nos va a llevar a cambiar aquello con lo que no estamos de acuerdo. De todas maneras, no olvidemos que no todxs podemos acceder a la educación y la información, aquellxs que sí podemos somos privilegiados. Porque la educación no es cuestión de voluntad únicamente, muchxs jamás pudieron ni podrán acceder a ella, no porque no quieran, sino porque no pueden. Luchar por la igualdad también significa entender las realidades de todxs.

Siempre habrá resistencia por parte de algunos sectores, pero lo que nos queda es apoyarnos en aquellxs que buscan reacomodar nuestros cimientos para poder, finalmente, hacer de este mundo un lugar mejor. Aquello que no pudieron vivir muchxs, le quedará a quienes están luchando o comenzando a hacerlo. Y, con el simple hecho de que algunxs puedan vivirlo, no habrá sido jamás una batalla en vano.