El crecimiento del rugby femenino

El crecimiento del rugby femenino

7 marzo, 2019 0 Por Matías Rodríguez

Aunque todavía existen limitaciones considerables en materia de infraestructura, competencia y difusión, se vive un auge que empieza a romper todos los prejuicios.

Desde que se disputò el primer partido de rugby femenino en 1985, organizado en el club Gimnasia y Esgrima de Ituzaingò por un padre de cuatro hijas, las mujeres pusieron el cuerpo para tener un lugar en la cancha. A paso de tortuga, el rugby femenino viene creciendo exponencialmente desde que debían disfrazarse de varones para poder jugar. “Empecé a jugar al rugby a las 12 años. Mi hermano iba a entrenar todos los martes, jueves y sábados, mientras me quedaba jugando con las pelotas y las bolsas de taclke. El entrenador lo vio y me invitó a una práctica. Me sume de a poco hasta que me ofrecieron jugar un partido. Eso fue lo máximo. Los chicos jamás me hicieron diferencia, me sentía uno más”. recordó Yamila Otero -actual jugadora de Centro Naval y del seleccionado argentino femenino- en una entrevista con La Nación. Aunque todavía existen limitaciones considerables en materia de infraestructura, competencia y difusión, se vive un auge que empieza a romper todos los prejuicios.

Según los datos proporcionados por la Unión Argentina de Rugby (UAR), en la Argentina existen alrededor de 4430 jugadoras en edad competitiva -de M15 en adelante- y otras 761 en edad precompetitiva. Una cifra todavía inferior en comparación a las grandes potencias como Inglaterra, Nueva Zelanda y Estados Unidos, pero que esconde un crecimiento explosivo: respecto de 2007, el incremento es del 24%, un porcentaje que viene creciendo desde 2009, cuando había solo 229 jugadoras fichadas.

Con este boom, el rugby femenino fue apareciendo en la mayoría de los clubes de rugby del país. Fue así como las chicas comenzaron a formar su propio equipo para entrenar y jugar. A pesar de que el reglamento de rugby obliga a todos los clubes a aceptar a las mujeres, todas sufrieron las mismas consecuencias: desde sus inicios en el deporte tuvieron que formar parte de los equipos varoniles, hasta la edad de juveniles -M15- donde se quedaron sin equipo. Esto se debe a que en Buenos Aires la competencia oficial se limita al plantel superior, y son muy pocos los equipos que mantienen planteles juveniles. En la actualidad, el rugby femenino es representado por los siguientes clubes: La Plata RC, SITAS, GEI, DAOM, Almafuerte, Atlético San Andrés, Berazategui, Ezeiza, San Miguel, Lanús, Centro Naval y Porteño. Es decir, que no cuenta con la presencia de los principales clubes de la Unión representados por los hombres; a excepción de La Plata RC.

En Argentina, el rugby femenino es casi exclusivamente de seven. No existen las competencias de 15 -como sucede con el masculino- y el torneo de la URBA se juega bajo la modalidad de 10-a-side. Otras competiciones locales en las cuales existe participaciòn femenina son: el Nacional de Clubes -se realiza hace ocho años- y el Seven de la Repùblica. Aunque todavìa siguen existiendo grandes diferencias entre el rugby masculino y femenino, las mujeres no bajan los brazos. De esta manera, se puede observar que el seleccionado de rugby femenino -Las Pumas- se encuentra compuesto por 28 jugadoras de todo el paìs, 18 de las cuales están becadas: entrenan tres veces por semana en sus respectivos Pladares y 12 veces al año hacen concentraciones todas juntas. Entre sus grandes logros consiguieron clasificar al Seven de Hong Kong -clasificatorio para el Circuito Mundial-, los Panamericanos de Lima, los Juegos Olímpicos, los juegos Odesur en Rosario y dos sudamericanos. Por otra parte, a nivel regional, la Argentina se encuentran peleando el segundo puesto con Colombia; ya que el primer lugar está ocupado por Brasil.

A pesar de que el rugby femenino en nuestro país es novel y se encuentra en plena etapa en desarrollo, sigue creciendo a la sombra del masculino, que está pegando saltos agigantados a través de Los Pumas y los Jaguares. Pero para las chicas ese crecimiento es complejo y mucho más lento. La competencia escasea, los recursos de los clubes y los aportes de las uniones a las distintas actividades femeninas son en algunos casos reducidos. Por ende se hace todo cuesta arriba.

Pero toda esa situación está dando un giro completo: en términos de difusión, las redes sociales vienen contribuyendo un montón al crecimiento del rugby femenino. En este panorama, es destacable el trabajo que ésta haciendo Barbara Pichot con la creación de las Barbirians, un equipo de jugadoras de distintos clubes que van rotando y recorren el país para disputar distintos partidos de Beach Rugby, propagando las virtudes de este deporte, que son universales y no entienden de género.

A nivel global, este deporte todavía sigue alejado de los parámetros de las grandes potencias. Donde el rugby lleva años de desarrollo y alcanzó nivel profesional a nivel de los seleccionados nacionales. Según un informe del World Rugby, 9,1 millones de chicas juegan al rugby alrededor del mundo, un crecimiento del 28% respecto del 2017, y la inversión por parte de este organismo es de 428 millones de libras esterlinas -unos 630 millones de dólares- para el ciclo 2016-2019. Nueva Zelanda es el campeón mundial de XV -ganó cinco de las ocho copas- y seven – ganó dos de los tres certámenes-. Por su parte, Francia viene en ascenso: es el último campeón del Seis Naciones femenino. Aunque las chicas argentinas se encuentren lejos de las potencias, de a poco se van haciendo su propio lugar.