El futuro llegó hace rato

Black Mirror habla de cómo hemos entrado en una era donde se busca tanto el espectáculo y la conformidad que hasta la lucha contra el sistema se convirtió en una parte de ese sistema.

Vivimos en un mundo interconectado. Hoy podés conseguir hasta mini robots o celulares que miden tus pulsaciones mientras corres. También utilizamos Facebook, Instagram y/o Twiter para fingir que hablamos con personas con la que es probable que no compartiríamos nada en la vida real.

Son solo pantallas y cristales que reflejan cosas, pero en unos pocos años se volvió tan propio que resulta utópico que dejasen de existir. Vivimos encerrados en nuestras cabezas, aterrados por hablar y que nadie nos entienda esperando a que alguien aparezca en una de esas pantallas y nos digan que es lo que tenemos que pensar. Esto nos muestra Black Mirror, una distopía que tal vez ya llegó y no lo vemos.

Hacia finales de los años 50 y principios de los 60 existía una serie de ciencia ficción y fantasía llamada “Twilight Zone”, muy parecida a Black Mirror. Fue muy influyente para personas como Steven Spilberg y Charlie Brooker, el creador de Black Mirror, quien se interesó por la tecnología y como influía en la comunicación entre las personas.

Brooker empezó su carrera como un periodista de video juegos en la página PC Zone, donde tenía una historieta propia y hasta una columna donde se dedicaba a insultar a sus propios Fans. Pronto se hizo reconocido y pudo escribir para el diario británico The Guardian. En 2003 llegó al Canal 4 británico y creó “How to watch Television” donde analizaba a la TV británica, hablando de como manipulaba la realidad, diciéndonos qué ver, de qué hablar y abriéndonos las cabezas a la iluminación con su gran éxito internacional Black Mirror.

La temporada 1 es la que atrapa y donde uno se puede percatar que la serie no les presta atención a los nombres. A pesar de que Black Mirror mira directo a los ojos a la humanidad, es una serie donde no importa tanto las personas, si no lo que escapa a su control.

“Himno Nacional” va sobre un político que tiene que tener relaciones sexuales con un cerdo para que no maten a una princesa, pero eso solo es la superficie. La verdadera trama es el sistema que juega en su contra. La política se convierte en un espectáculo porque hay un sentimiento de asco hacia él y las personas buscan algo que equilibre la balanza ante sus ojos. Si dice que no, la princesa muere y causaría más odio.

Al final vemos como el sistema se mueve sin que nadie pueda hacer nada para impedirlo, pero al mismo tiempo nadie se opone para que deje de funcionar. La gente pide que lo haga, el gabinete del ministro intenta por todas las formas que no se lleve a cabo y está la prensa, ansiosa por la primicia, que solo empeora la situación.

En la mayoría de los episodios no gana ningún individuo, si no la banca dejándonos, cuanto mucho, una victoria con sabor a nada mientras el sistema sigue girando. Diría que esa es la esencia de Black Mirror. No el miedo a la tecnología, si no el miedo que aceptemos el sistema que imponga esta.

La mayoría de los episodios en la serie se ambientan en futuros cercanos, pero, sobre todo, próximos. Capítulos como “Osos Blanco” o “Vuelvo Enseguida” (temporada 2) se desarrollan en lugares reales como una casa en un campo o un pueblo, dándole veracidad a la historia, pero también reforzando el mensaje que el auténtico cambio no lo definen los avances en la maquinaria, si no Google. Por eso el primer capítulo transcurre en la actualidad y no en un futuro espacial y por eso su nombre, por los espejos negros que nos acompañan día a día.

Hasta cuando trata de robots, no habla de ellos en sí, si no de la persona que somos y de la que proyectamos en las redes sociales. El futuro no le decide las invasiones de aliens o que pasará cuando estalle una bomba, si no de: ¿Cómo reaccionaremos todos cuando llegue ese día?

Black Mirror habla de cómo hemos entrado en una era donde se busca tanto el espectáculo y la conformidad que hasta la lucha contra el sistema se convirtió en una parte de ese sistema. Como la tecnología puede destruir al individuo y ver figuras y no gente cuando vemos a otro ser humano y al final los capítulos terminan y nosotros reflejados en una pantalla negra preguntándonos si la distopía ya llegó y es demasiado tarde para levantarnos y tratar de usar todos estos cambios para ser mejores y unirnos para ser mejores como sociedad.

Cristian Sorano
Cristian Sorano

Redactor.

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