El mar de la presión

En 1933, Jiro Sato era el tercer mejor tenista del mundo. Todo marchaba sobre rieles, pero la presión lo llevó a arrojarse al mar y acabar con su vida.

Hasta ese momento era el mejor tenista japonés de la historia, pero la presión pudo más y su vida tuvo un giro totalmente inesperado por todos.  Uno de los aspectos que influye negativamente en el rendimiento de un deportista es la presión. Esta puede ser ejercida por los medios de comunicación, por los seguidores, por el club, por el entorno o por el propio deportista.

“La presión en el deporte produce un estrés elevado relacionado con situaciones trascendentes de alta dificultad y exigencia, donde el deportista es el que toma a estas situaciones como una amenaza. Esto termina perjudicando su rendimiento”, explica Walter Abregú, psicólogo deportivo que trabaja con tenistas, automovilistas y futbolistas tanto profesionales como amateurs.

Jiro Sato estaba en el mejor momento de su carrera. En 1933, con tan sólo 25 años, fue número tres del mundo. Todo marchaba sobre rieles. Había tenido una temporada magnífica donde llegó a semifinales de Wimbledon, seguía con sus estudios en economía e incluso se casó con Sanaye Okada, su compañera de dobles mixtos.

En 1936, cuando pisó su tierra natal, Japón, la Federación de Tenis lo obligó a viajar hacia Europa para disputar la segunda ronda de Copa Davis frente a Australia apelando al nacionalismo, presionándolo para jugar sin entender que estaba exhausto por la exigencia de la temporada. Además sus continuas neumonías y dolores abdominales no lo dejaban disfrutar su vida. A partir de este momento algo se quebró en él.

En pleno viaje, se empezó a sentir mal y se fue a acostar. Horas más tarde su compañero entró al camarote y Jiro Sato no estaba. En su lugar había una carta donde admitía que no estaba apto para soportar tanta presión, tenía miedo de deshonrar a toda su nación.

¿Qué pasaría si perdía? Era mayor el miedo a lo que le deparaba el futuro que el disfrute del presente y tomó una decisión que conmocionó a Japón y al tenis: el suicidio. Nadie lo podía creer y la Federación que le impuso competir, se desentendió del tema. Les dio vergüenza ya que, en aquella época, Japón buscaba impresionar al mundo de todas las formas posibles y consideraron que este episodio los marcaba, los hacía verse débiles frente al mundo.

El cuerpo de Jiro Sato jamás fue encontrado. Su historia quedó atrapada en el mar de la presión.

Jonathan Rosenberg
Jonathan Rosenberg

Periodista.

Deja un comentario