El resurgir emocional del Portsmouth

Crónica del resurgimiento del Portsmouth, club de fútbol de la tercera división inglesa que llegó a ser presidido por sus fans.

Hace más de seis años el Portsmouth se declaró en bancarrota por segunda vez en tres temporadas. El club tuvo que hacer frente a una petición de liquidación por parte de HMRC, institución encargada de recaudar impuestos y pagos en el Reino Unido, y a quien debía considerables sumas de dinero en salarios y bonos a jugadores y varios acreedores. Después de descender de la Premier League al final de la temporada 2009-10 —los nueve puntos restados por su situación financiera empeoraron las cosas—, el club fue despojado de otros 10 puntos en febrero de 2012 y fue bajado debidamente a la Championship, la segunda división del fútbol inglés. Tras este segundo y fulminante descenso, la plantilla completa dejó el club, y el Portsmouth se vio obligado a arrancar la campaña 2012-13 en la League One (la tercera división) con 10 puntos menos por los constantes problemas fiscales.

Con el ‘Pompey’ en lo más fondo de la Football League, se llegó a un acuerdo con la Fundación de Seguidores del club para que tomaran el control de la institución en abril de 2013. Después de varios años de gestiones que van desde lo cuestionable hasta lo desastroso, el Portsmouth se convirtió en el club más grande del país propiedad de los fans. Lo que sucedió después fueron tres temporadas sin pena ni gloria en la League Two, donde el club casi siempre permanecía de mitad de tabla para abajo. Pero esa temporada, el Portsmouth ha asegurado el ascenso con tres partidos aún por disputarse, lo cual ha provocado que se reabra el debate sobre cómo se debe gestionar el club dentro y fuera del terreno de juego para no volver a caer en un pozo sin fondo. Dos temporadas de relativa tranquilidad y estabilidad en la categoría lo demuestran.

Por supuesto, durante los cuatro años desde que el Portsmouth tuvo que recurrir a sus fans para salvar el club han sido testigos de logros masivos fuera del campo. No sólo existe un alivio perdurable porque los seguidores lograron recaudar los fondos necesarios para salvar al club, también hay una infinita gratitud por parte de la comunidad por la preservación del Fratton Park y el hecho de que el club esté libre de deudas —contra todo pronóstico—. Los nuevos dueños del Portsmouth pagaron cerca de 7 millones de libras a los acreedores del club en septiembre de 2014, con los que saldaron sus deudas con dos años de anticipación y tan sólo un año después de haber tomado el control. Ahora representan un “sí” más para el modelo de propiedad precedida por los fans y un ejemplo de cómo puede llegar a ser exitoso, aunque nada de esto pudo haberse logrado sin el número más grande de asistencia a un estadio en la League Two —con un promedio por temporada de 16 mil asistentes— y una grada que se ha negado a disminuir semana tras semana.

El éxito del modelo de propiedad del Portsmouth es la razón por la que los rumores de una posible toma de poder han alertado a más de uno, al menos a aquellos que han seguido de cerca del progreso del club. Incluso para aquellos que sólo prestaron atención durante los años de miseria del club, la noticia de que el ex presidente ejecutivo de Disney, Michael Eisner compraría al club. No sólo Eisner es un empresario con un perfil global, también es un hombre ridículamente adinerado que buscaba mejorar al Portsmouth con una fuerte inversión. Atrás han quedado los días oscuros cuando Pompey era objeto de miradas codiciosas de magnates de bienes raíces de Dubai, corredores de bolsa, y empresarios sinvergüenzas, cuando el club estaba a nada de descender a la League Two.

Aunque el potencial de una gigantesca inversión para el club parecería algo que no debe pensarse dos veces, el interés de Eisner por el Portsmouth arrojaba un sinfín de importantes preguntas. Según la web oficial de la Fundación, la encuesta sobre la potencial toma de poder demostró que el 86 por ciento de los fans creen que es importante que la Fundación retenga una parte de la propiedad, el 94 por ciento cree que la Fundación debería retener al menos un lugar en al Junta, y al 95 por ciento le gustaría ver, como mínimo, la creación de un grupo de consultoría de fans.

En el caso de un club propiedad de la comunidad también existe la pregunta fundamental de si hay un precio lo bastante elevado como para justificar su venta. En especial para un club que fue llevado al precipicio por caprichosos dueños e intereses privados, el valor de tener un equipo dirigido por los fans y para los fans no puede ser fácilmente superado o igualado con una suma de dinero. A pesar de sus aparentes intenciones —con un supuesto valor neto de casi dos mil millones de dólares en 2017, su perspicacia para los negocios es bastante sólida— no sería la primera vez que un dueño decente se convierte en un terrible dirigente. Una vez que el Portsmouth esté en manos privadas, será extremadamente difícil devolverlo a los fans.

El precedente del AFC Wimbledon, también propiedad de los fans, y su buen paso en la League One, es la evidencia de que un modelo de este tipo puede funcionar en el nivel al que el Portsmouth está a punto de ascender. Sin embargo, el Wimbledon es un club muy diferente al Portsmouth y opera bajo circunstancias muy distintas, lo cual dificulta las comparaciones directas entre ambos. Mientras que el Wimbledon empezó desde cero en 2002 con una infraestructura más acorde a su posición, el Portsmouth tiene un viejo estadio que tal vez requiera de una fuerte inversión que, siendo realistas, los seguidores no podían costear. La suya era una situación compleja.

Colin Farmery, portavoz del club y fan desde hace más de 50 años, era uno de los hombres conscientes de los desafíos. Farmery ayudó a desarrollar la campaña de comunicación para la candidatura de la comunidad que vio como resultado la toma de poder de la Fundación de Seguidores, formó parte de la misma, y ahora trabaja para el club como el Jefe de Seguridad e Inclusión. Farmery ha visto el declive y el resurgimiento del club tanto desde la perspectiva interna como externa.

“Cuando nos apoderamos del club por primera vez en 2013, lo que heredamos fue una cáscara de club, el cual había sido ahuecado por los desastres de los últimos cinco o seis años. En realidad, estuvimos en una situación en la que casi empezamos desde cero. Vale la pena decir que subestimamos lo difícil que sería salir de la League Two, pero lo que hemos logrado en los últimos años es construir cimientos muy sólidos, hemos acabado con las deudas antes de los esperado y nos hemos asegurado que el Fratton Park sea nuestro, al igual que el terreno al norte del estadio que podría ser esencial para la reestructuración del inmueble. Contamos con un contrato de arrendamiento a largo plazo sobre el campo de entrenamiento. Somos un club bien gestionado por la comunidad y, fuera del campo, hemos visto florecer las semillas que plantamos, así que no me sorprende que alguien como el señor Eisner haya considerado al Portsmouth como una oportunidad para invertir”.

Entonces, si el club ha logrado tantas cosas bajo la dirigencia de sus seguidores, ¿por qué ceder el control a un interés privado extranjero sin una verdadera intención emocional? Hay muchas cosas a considerar como Colin explica. “Todo va bien cuando haces las cosas correctamente en el campo como un club propiedad de los fans”, dice. “El Portsmouth todavía puede atraer a 16 mil o 17 mil fans en la League One o League Two, pero al final del día si el club terminara estancado en las divisiones menores, creo que veríamos este número reducirse drásticamente, quizá a menos de 10 mil. El modelo de los fans como propietarios de un club podría convertirse posiblemente insostenible, porque no se invertiría en el producto y es posible que el equipo termine siendo menos exitosos, lo que reduciría el número de espectadores”.

Los fans del Portsmouth demostraron ser fans leales, incluso cuando el equipo estaba en las catacumbas de la League Two, aunque también es cierto que no van a permanecer para siempre con las mismas ganas. “La conclusión para mí como fan de Pompey es que, históricamente, el Portsmouth ha sido un equipo que al menos compite en la Championship, e intenta siempre subir a primera”, opina Farmery. “Somos dos veces campeones de la FA Cup, hemos ganado la liga dos veces, y alcanzado cinco finales de FC Cup, así que somos un club relativamente grande en términos del fútbol inglés. La lucha es constante, mientras se intenta regresar a ese nivel, te rompes la cabeza para ver cómo generarás fondos para competir a esas alturas. Con esto no critico el modelo de propiedad en el club, todo lo contrario, de hecho, es más una crítica indirecta al modelo que el fútbol inglés posee en general”.

Sin importar cuáles sean los méritos y retrocesos de un modelo precedido por los fans, esta situación es más que una pregunta filosófica para los seguidores del Portsmouth. “La cuestión no es si el club necesita más inversión o no, por supuesto que la necesita”, añade Farmery. “El otro gran reto para Pompey es desarrollar nuestra infraestructura. Fratton Park tiene una grada con 90 años de edad y una más de 80, así que para cumplir los estándares de los estadios requeridos para ser un club de Premier League —para la mayoría de los fans lo somos— necesitamos invertir millones de libras. Para lograrlo es casi inevitable adaptar nuestro modelo de propiedad actual”.

Al asimilar la oferta de Michael Eisner había factores prácticos inmediatos que considerar para los fans. Aunque ha habido una inversión emocional colectiva en este modelo, los seguidores tendrían que decidir si se mantenía o mejoraba el Fratton Park sin la ayuda del exterior. Al final del día, el beneficio que los fans sean los dueños del Portsmouth les permite tener la última palabra sobre el futuro del club y poder exigir lo justo. Eisner entendió que es el dueño de un club cuya comunidad representa el corazón y alma del mismo.

Juan Zavala
Juan Zavala

Redactor.

Deja un comentario