¿Es posible erradicar la pobreza?

¿Es posible erradicar la pobreza?

26 abril, 2019 0 Por Daniela Pellegrini

Los políticos prometen, los ciudadanos opinamos y la utopía invade al término. Viaje al pasado y presente de la pobreza. 

Generalmente utilizamos el término “pobreza” con una liviandad que no le pertenece de ninguna manera. Escuchamos a los políticos prometiendo en sus campañas que van a terminar con ella. La vemos en la calle todo el tiempo. La comentamos. La ignoramos. La criticamos. Pero: ¿es posible terminar con ella? A veces parece ser que estamos hablando, lamentablemente, de una utopía.

Desde el surgimiento de la clase obrera como tal, incluso antes de que esta adquiriese esta denominación, la desigualdad está presente en cada rincón. Hemos escuchado o leído, también, sobre la lucha de clases planteada por Marx y su binarismo proletariado – burguesía. Pero estas variables, tanto la lucha de clases como la formación de la clase obrera, parecen no servir para analizar esta problemática que, en pleno siglo XXI parece ser cada veza más difícil de abarcar.

Ya no estamos hablando de una lucha, estamos hablando de un problema estructural, tan o más complejo que esta. Si nos remitimos al siglo anterior, más específicamente a la década del 30, podremos recordar que luego de la caída de la bolsa de Wall Street, comúnmente conocida como la Gran Depresión, el mundo entero tuvo que tomar cartas sobre el asunto y terminar con la corriente liberal que proponía que la economía debía estar basada en el libre mercado. Este modelo no daba para más y su inviabilidad de hizo más que evidente. Fue así como se adoptó un nuevo modelo, totalmente diferente, en el que el Estado comenzó a participar de la economía de los países, a modo de regulador, conocido como Estado de Bienestar.

Las políticas económicas también fueron otras: se apuntaba a la industrialización y a la protección de la economía interna, más que la exterior, además de la generación de puestos de trabajo. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, el contexto político había cambiado, y la polarización capitalismo – comunismo se insertó en todo el planeta.

En muchos países, como por ejemplo Argentina y casi toda América Latina, la “defensa” del capitalismo contra el comunismo generó golpes de Estado que, alegando la protección contra la amenaza socialista, ocasionaron una gran destrucción a nivel económico, social, político y cultural. Se adoptaron modelos neoliberales que, siendo contrapartida del Estado Benefactor, basaban sus políticas en la apertura de la economía (sobre todo la importación), desindustrialización, privatizaciones, endeudamiento y medidas cambiarias engañosas.

Si bien la pobreza es un hecho anterior a todo esto, claramente la década de los 70 fue el golpe más duro para ella. La miseria comenzó a hacerse más evidente y la adopción de un modelo que no hizo más que profundizarla y, provocarla porque sí, es lo que hace que se haya convertido en un problema estructural y de difícil solución. Más si a esto le sumamos que, en los años 90, el neoliberalismo continuó profundizando cada vez más todas las medidas económicas condenatorias. La clase alta estaba cómoda, la clase media comenzaba a sentirse de clase alta. ¿Y las clases bajas? Eran cada vez más bajas. La brecha entre clases se agrandaba cada vez más. El desempleo llegaba casi al 40%. La educación ya no era posible. Y aquí está el problema: estamos hablando de generaciones que ya no pudieron acceder ni al trabajo ni al a educación. El ciudadano común y, hasta ciertos políticos, dicen que la pobreza se resuelve con trabajo y educación. No es así, porque, como ya sostuve antes, estamos hablando de generaciones que no saben lo que es el acceso al trabajo y la educación.

Suelen criticarse los planes sociales, sosteniendo que “la plata en mano no sirve, denles un trabajo”, sin pensar en el hecho de que ese dinero irá destinado al consumo interno del país que, justamente, es el único que puede sacarlo adelante más que una inversión extranjera o la exportación. El consumo interno representa el 70% del PBI, mientras que el otro 30% está repartido entre la diferencia de exportaciones e importaciones, gasto público e inversiones.

Entonces, a la hora de hablar de pobreza, deberíamos tener en cuenta que es un área muy sensible y muy difícil de manejar y solucionar. Prometer Pobreza Cero en una campaña política es casi tan utópico como tratar de imponer una remota vuelta del bloque comunista. Su solución es difícil, sí, pero no imposible. Promoviendo medidas económicas que ayuden a achicar la brecha, se pueden dar grandes pasos con respecto a esta problemática. En cambio, si optamos por medidas neoliberales que solo sientan sus bases en la protección de los empresarios y en la “vuelta al mundo” generando apertura económica que, como ya sabemos, no beneficia al pueblo, no vamos a llegar a ningún lado.

Es importante hablar de pobreza con la seriedad que le compete, pero sobre todo con respeto y empatía. No hablar por hablar, siendo que es una situación que solo aquel que la pasa puede explicar lo que es. Y recordar que tal vez ya no podemos lograr un mundo perfecto, pero sí un mundo más justo.