Fútbol: Un mundo inundado de machismo

Fútbol: Un mundo inundado de machismo

2 enero, 2019 0 Por Matías Rodríguez
El círculo central del patriarcado parece estar situado en cualquier cancha de fútbol. Desde allí, reproduce lo que el movimiento feminista -un verdadero movimiento de liberación- nos hostiga con razón a cada momento.

Por años el fútbol fue y continúa siendo un mundo donde abunda el machismo. Esto puede ser observado en cualquier cancha a través de los cánticos de las hinchadas en donde no sola aparece la misoginia “es para vos… la puta que los parió”, la homofobia “los de… son todos putos”, sino que también aparece el tradicional cantito que condecora la violación “se van para… con el culo roto”. A eso hay que sumarle los insultos que reciben los jueces de líneas y árbitros, directores técnicos y jugadores del equipo contrario, muchos de ellos en referencias a sus madres/hermanas. Machismo en su máxima expresión.

Son varios años de cantar canciones, aplaudir la puteada más original, acompañar con palmas o en silencio. Hoy en día el círculo central de la sociedad patriarcal parece estar presente en el centro de cualquier cancha. Reproduce desde ahí lo que el movimiento feminista -un verdadero movimiento de liberación- nos hostiga con razón a cada momento. Vienen logrando de a poco que muchos hombres se replanteen su posición no sólo dentro del fútbol, sino en la sociedad. Sin embargo, tienen un largo camino por recorrer.

La violencia es un hecho que se viene consumando no solo a partir de las palabras, de los gestos, sino también en la certeza de los hombres en creer que pueden tener más derechos que la mujer, solo por el simple hecho de haber nacido hombres. A pesar de estar en diferencia numérica, las mujeres vienen conquistando derechos que antes eran impensados. A veces esta conculcación de derechos se basa en una mirada clasista. Por ejemplo, en el ámbito de rugby, en especial los clubes CUBA (Buenos Aires) y Jockey Club (Córdoba) se les prohíbe votar a las mujeres. Por lo tanto, el ámbito futbolístico no es el único territorio hostil.

También son numerosas las denuncias de mujeres que como autoridades dentro de la cancha reciben insultos machistas, los mal llamados “piropos” e incluso amenazas de los jugadores que no se bancan que una mujer “les venga a dar órdenes”. De esta manera, los valores que se ponen dentro del campo de juego están en un constante intercambio con aquellos que se ponen en juego en el barrio o en la sociedad.

Dentro de este contexto de violencia, hace muy poco, el colectivo de Actrices Argentinas realizó una conferencia de prensa en el Multiteatro de Av. Corrientes donde hicieron pública una denuncia de abuso sexual que sufrió una de las integrantes de la agrupación: Thelma Fardin fue violada a sus 16 años por el actor Juan Darthés en una gira por Nicaragua mientras grababan la serie Patito Feo. Tras ese hecho aberrante diferentes equipos del fútbol argentino se sumaron a la denuncia en las redes sociales a través del hashtag #MiraComoNosPonemos. Sin embargo, son muchas las instituciones que continúan encubriendo a jugadores golpeadores y maltratadores.

El slogan lanzado por el colectivo Actrices Argentinas tuvo rebote en el fútbol, un ámbito eminentemente machista que de a poco empieza a dar señales de cambio. Algunos de los equipos que se adhirieron a partir de sus cuentas oficiales de Twitter fueron: Lanús, Tigre, Banfield, Independiente, Racing, San Lorenzo, Rosario Central, AFA, el fútbol femenino de River y otras cuentas. Pero no todo es color de rosas para estos equipos.

En el ambiente de fútbol hay decenas de episodios conocidos por violencia de género. La mayoría de ellos trascienden porque son protagonizados por jugadores que alcanzan visibilidad en los medios de comunicación por su condición de profesional o porque representan a los clubes más grandes de la Argentina, como el caso de los dos colombianos, Barrios y Cardona, que fueron acusados por Cintia Susana Jiménez y Amanda Chaterina Alayo. A ellos se suma el caso de Rafael Santos Borré, actual jugador de River Plate. Sin embargo, todo quedó en el olvido.

Otro caso emblemático, el cual tuvo mayor repercusión, fue el de Alexis Zárate, ex jugador de Temperley, condenado a seis años y medio de prisión por haber violado a Giuliana Peralta en 2014. Esa misma semana, casi al mismo tiempo que se conoció la sentencia al futbolista, la ahijada de Jonathan Fabbro, ex delantero de River y Boca, declaró en cámara Gesell ante la psicóloga del Cuerpo Médico Forense. A Fabbro se lo imputa por “Acceso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo”. Estos hechos dejan en evidencia que el fútbol se sigue sosteniendo bajo los cimientos de una construcción machista.

En cada caso que se conoce de un personaje famoso -sea futbolista o del deporte en general- acusado por este tipo de delitos pueden pasar dos cosas: Que el morbo de los medios reduzca el hecho a una estadística más en sus páginas amarillas, o que se genere conciencia en torno a la violencia de género en cualquiera de sus formas. En el campo donde se rigen estos conflictos las víctimas siguen estando bajo sospecha. En ocasiones no hay ni empatía por ellas. Pero ya no las domina el silencio.

A partir de que las mujeres comenzaron hacerse escuchar y respetar, el machismo empezó a retroceder pasos en el juego y no importa si lo hace de a un centímetro por día. Lo esencial es que se consolide en el tiempo esa tendencia. Que se frene semejante cultura homicida. También restará educar a hombres, mujeres por venir, hijos e hijas de ellas mismas en una sociedad basada en reglas patriarcales.