Hamburgo-St. Pauli: Un clásico de extremos

El derby hamburgués se jugó hoy por primera vez en la 2. Bundesliga. La historia de una rivalidad entre dos clubes que va más allá de lo deportivo y que lo único que tienen en común es la ciudad.

Hasta mayo de este año, Hamburgo SV era el único equipo en haber participado en todas las ediciones de la Bundesliga alemana (se juega desde 1963). Con una hinchada muy popular, el club se jactaba de ese hito con un reloj en su estadio que contabilizaba los años, días, horas, minutos y segundos jugando en la máxima categoría. Pero en este último lustro, quienes siguen el fútbol teutón sabían que ese reloj estaba cerca de apagarse. Con el club hundido en una crisis institucional, HSV evitó el descenso tras superar en la promoción a Greuther Fürth en 2014 y a Karlsruher el año siguiente. En la última fecha de la temporada pasada, y a pesar de la victoria por 2 a 1 frente a Borussia Mönchengladbach como local en el Volksparkstadion, el descenso se consumó y actualmente “Los Dinosaurios” están jugando en segunda división.

En el extremo más lindero al puerto de la ciudad hanseática está el barrio de Sankt Pauli. Es una de las zonas rojas más conocidas del continente y suele ser el punto de encuentro de la vida nocturna de Hamburgo. Además, es el centro cultural de la urbe.

En 1910 se fundó el FC St. Pauli, un club conocido por su identidad antifascista y por la militancia de sus hinchas en diferentes causas sociales. Ellos se diferencian del HSV -uno de los cuatro clubes más grandes de Alemania- con una camiseta marrón y la Jolly Roger, nombre que recibe la tradicional bandera pirata.

La rivalidad entre ambos clubes es más territorial e ideológica que deportiva. St. Pauli apenas jugó 8 temporadas en la Bundesliga, por lo que el clásico no tuvo muchas ediciones en los últimos años. Vale destacar que la gran mayoría de los partidos se disputaron en la Oberliga Nord (categoría en la que jugaban los clubes del norte antes de la creación de la liga nacional). Hamburgo ganó 59 enfrentamientos, mientras que los “Corsarios” vencieron en apenas 19. Una diferencia entendible entre un club que lleva el nombre de la ciudad y dispone de más riquezas contra uno al que lo mantiene la pasión de sus hinchas.

En la década del 80’ la violencia en los estadios alemanes llegó acompañada de un resurgimiento del nacionalismo más duro. En estadios como los de Schalke 04, Hertha Berlín y Hamburgo solían escucharse cánticos y verse símbolos nazis. Pero como no todos los hinchas del HSV estaban a favor de los nuevos movimientos fascistas, muchos se quejaron de la permisividad del club con estos actos y se mudaron hacia el puerto de la ciudad. Allí estaba FC St. Pauli que, a pesar de ser el club del barrio de la clase obrera, aún no estaba politizado. Gracias a los hinchas de Hamburgo que se fueron por no sentirse más identificados con el club, Sankt Pauli multiplicó su cantidad de hinchas en pocos años. A su vez, el club se declaró antirracista, antihomofóbico, antisexista y antifascista. Una nueva identidad que lo mostraba en las antípodas de lo que se veía en el antiguo Volksparkstadion en esa época.

Con el correr del tiempo, el fascismo quedó prácticamente eliminado de las tribunas de Hamburgo, pero St. Pauli nunca perdió su identidad revolucionaria. Incluso desde la dirigencia de los Corsarios todavía surgen campañas para defender distintas causas sociales. De hecho, en las afueras del Millerntor -su estadio- hay pinturas a favor de los derechos de la comunidad LGBT y pancartas con calaveras piratas. También el barrio ofrece contención para todos los refugiados que llegan navegando al puerto en busca de escapar de los conflictos de sus respectivos países de origen. Cuando los jugadores de Sankt Pauli salen al terreno de juego, en la cancha suena “Hells Bells” de AC/DC, para demostrarle a su rival que por 90 minutos sentirán que están en el infierno.

La diferencia de categorías fue la culpable de la indiferencia entre estos clubes ya que no se veían las caras en la cancha, pero el ascenso de St. Pauli a la Bundesliga en 2010 devolvió la tensión a la ciudad hanseática. En el 1 a 1 de la primera rueda la situación estuvo relativamente tranquila, pero la violencia llegó 17 fechas después. El 9 de febrero de 2011 debían enfrentarse en el estadio de Hamburgo, pero el partido se suspendió por lluvia. La barra brava del equipo local se unió a la de Hannover 96 y juntas atacaron a los aficionados de Sankt Pauli que estaban el Jolly Rogers, un bar cercano al Millerntor, dejando decenas de heridos. Una semana después se jugó el clásico, que finalizó en triunfo visitante por 1 a 0. De esta manera, los Corsarios ganaron el derby después de 33 años y, si bien no alcanzó para evitar el descenso a final de temporada, se fueron con el orgullo de no haber perdido ante el rival de la ciudad en su última participación en primera.

Una nueva edición de este clásico ideológico se disputó en un torneo en el que parecía impensado un par de años atrás, pero que en St. Pauli se venía esperando con muchas ansias. Las calaveras se hicieron presentes en un estadio que hasta hace dos meses no había albergado partidos de segunda división y que vio como el derby hamburgués terminó en empate 0 a 0.

Hamburgo es el principal candidato al ascenso, aunque la semana pasada se vieron sorprendidos en su cancha cuando perdieron 5 a 0 ante el modesto Jahn Ratisbona. Sankt Pauli, por su parte, se mantiene expectante en el sexto lugar.

Guido Antonelli
Guido Antonelli

Periodista.

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