Higuaín: entre la ingratitud y un adiós razonable

Higuaín: entre la ingratitud y un adiós razonable

8 abril, 2019 0 Por Sebastián Tafuro

El ensañamiento con su figura traspasó varios límites en una era marcada por el espíritu cloacal de las redes sociales.

Hace unos días Gonzalo Higuaín anunció que su etapa en la Selección Argentina estaba concluida. Con una aparente tranquilidad, pero sin dejar de mostrar su bronca ante lo que cree injusto, arrojó una batería de frases que parecía venir acumulando desde hace tiempo.

El ensañamiento con su figura a partir de lo que fueron sus goles errados en las 3 finales consecutivas que perdió el conjunto albiceleste (Mundial 2014, la Copa América 2015 y la Copa América del Centenario 2016) traspasó varios límites en una era marcada por el espíritu cloacal de las redes sociales. Y en cierto modo todos entramos alguna vez en esa.

El hincha, como un reflejo aumentado de los seres humanos en general, suele estar plagado de contradicciones. Grandes ídolos han pasado por la crítica mordaz e implacable, por el insulto o por el murmullo en diferentes momentos de su carrera. La realidad actual de la comunicación lleva todo a ese panorama a planos extremos y de oscilaciones bruscas.

De la nada a la gloria nos vamos o viceversa. Y todo pasa, como solía sintetizar Julio Grondona.

¿Cuántos hinchas de Boca habrán dicho que Román estaba lento? ¿Acaso el Pity Martínez, símbolo de un River ultra ganador, no era cuestionado en sus inicios en cada mala elección que hacía con la pelota? ¿Cómo puede ser que en Newells la barrabrava haya agredido a Maxi Rodríguez? Y así podríamos seguir con miles de ejemplos. Hasta Maradona sufrió lo suyo en su época y el summum en estos años ha sido aplicado contra Lionel Messi, el mejor jugador del mundo desde al menos una década.

Ciclotimia, inmediatismo feroz, nulo ejercicio de la paciencia, impunidad del “anonimato” que brinda estar detrás de una pantalla y esa curiosa necesidad de castigar a alguien perdiendo de vista el carácter colectivo que tiene el fútbol. De todos modos, hablamos de casos en los que esa relación hincha-jugador se asemeja a la de una montaña rusa: aterriza y luego se eleva al cielo o al revés. Con el Pipa no ocurrió eso: a partir del señalamiento que lo ubicó en una especie de eje del mal, no hubo vuelta atrás.

Gonzalo Higuaín ha tenido una carrera futbolística que se podría denominar, sin ningún lugar a duda, como exitosa. Jugó y juega en clubes de renombre, metió goles de todos los colores en todos lados, ganó títulos, jugó 3 Mundiales. La lista podría ampliarse con detalles específicos y harían aún más gráfico su extraordinario camino desde que debutó en River allá por mayo del 2005 con apenas 17 años. Pero la espina con el Seleccionado – que ya persigue a varias generaciones – le ha reservado un lugar tan especial como ingrato.

Los goles del Pipita que no van a venir

En el 2010 Gonzalo – que quizás podría haber jugado para Francia – disputó su primer Mundial con la Selección. Como Stabile en el 30 y Batistuta en el 94 y 98, entró en los libros al anotar un hat-trick en el duelo contra Corea del Sur. Y después le convirtió a México en octavos con una pisadita hermosa, un recurso que a él siempre le salió muy bien. El 0-4 con Alemania significó la despedida para el equipo del Diego y, aún con esa debacle, su torneo había sido un aprobado gigantesco. Su lugar como 9 de la Argentina no tenía discusión. Había otras postulaciones, pero el premio siempre era del Pipita. Es más, la competencia con Agüero – otro delantero sin gran fortuna con la casaca celeste y blanca pero menos vilipendiado – habitualmente lo tuvo con ventaja, aunque supieron jugar juntos por momentos.

Ya en 2014, mientras sus goles conmovian Nápoles, Brasil sería hito y frustración al mismo tiempo. En términos de efectividad, su gol a Bélgica en cuartos de final significaba el gol más importante de la Selección desde hacía 24 años. Ese fue el lapso transcurrido para que Argentina, con la conducción del gran Alejandro Sabella, volviera a una semifinal de Copa del Mundo, que luego se transformaría en final. Y allí llegaría la primera de sus pesadillas: esa pelota fortuita que le quedó en inmejorable posición tras un insólito cabezazo hacia atrás de Toni Kroos. Definió bastante mal ante Neuer en la primera de las 3 situaciones claras que tendría Argentina ese partido. Curiosamente, pese a que allí empezó todo, el más incriminado tras la caída no fue Higuaín, sino Rodrigo Palacio y ese “era por abajo” que se popularizó casi hasta la fecha. Y de hecho Palacio no volvió a jugar nunca más en la Selección tras aquella triste tarde noche en Río de Janeiro.

Después de cerrar una temporada con 30 goles en 59 partidos y antes de iniciar la que sería la mejor de su carrera (2015-2016 con 38 goles en 42 partidos), le tocó volver a vestir la camiseta de la Selección en una competencia importante, ya con Martino en el banco. Fue la Copa América del 2015 que se jugó en Chile. Si la derrota ante Alemania era vista como un logro, la pérdida frente al equipo trasandino no se vio con los mismos ojos. La palabra “fracaso” se empezó a instalar con fuerza. Y el gol que erró Higuaín sobre la hora (un exigido pase de Lavezzi que casi no merece cargárselo a su cuenta) ya no fue visto como un simple error sino como la expresión de un problema que él tenía. El penal errado en la definición desde los 12 pasos fue motivo de burla y en cierto punto se podría afirmar que allí empezó el más intenso y duradero bullying cibernético a un futbolista.

Un año después la Copa América del Centenario parecía brindar una revancha perfecta para el Seleccionado. Una nueva oportunidad. Y allí estábamos de vuelta en la instancia decisiva y otra vez contra Chile. Un Chile ya sin el gran fútbol que desarrolló con Sampaoli (de hecho, se quedaría afuera de Rusia), pero con un plantel similar al que consiguiera la conquista. Y el Pipa tendría otra situación clara, clarísima, tras un error de Gary Medel en el fondo. Fue quizás el peor yerro de los 3. Entre las múltiples opciones que parecía haber, eligió la peor. Y Argentina no torceria el empate y perdería nuevamente en los penales. Una peli de terror para Higuaín, Messi (que manifestaria su deseo de renuncia a la Selección), Mascherano y una generación abatida por las frustraciones.

Y ahí sí, este autor no tuvo contemplaciones y se subió al barco de la crítica cruel e ingrata. No podía entender esta nueva derrota y se me ocurrió lo fácil: elegir un culpable. Era Higuaín. ¿Cómo podía errar algo semejante? ¿El tipo que no para de hacer goles en Europa? Toda la racionalidad, todo ese proceso de entender al jugador en su integralidad, de evaluar que es fútbol y hay mil imponderables se me fue al tacho. Y los memes me entraron a causar gracia porque obvio que se lo merecía. Que no vuelva más, ya está, ciclo cumplido, ¿cuantos goles más va a errar?

Poder decir adiós

“No, no está bien, está mal” diría el biólogo Alberto Kornhblit en el debate sobre el aborto legal a una diputada de la Nación. Y no, no estaba bien, estaba mal. ¿Qué nos había hecho Higuaín? ¿Por qué tanta saña? Hernán Crespo alguna vez dijo que el problema del Pipita era psicológico, que su calidad técnica estaba fuera de discusión. Evidentemente algo de eso había en un jugador con innumerables recursos a la hora de encontrarse mano a mano frente a un arquero. Sin embargo, a nadie parecía importarle: mientras seguimos buscando salvadores para ganar, la contracara es que al perder alguien tiene que pagar los platos rotos.

Analizado todo esto, pegamos un salto de 3 años y cerramos. Que lo que hicimos con la crítica despiadada e injusta no anule el presente. Si Higuaín entre 2014 y 2016 no generaba ninguna duda, aún en el marco de ese bullying, hoy es otra la historia. Todos los jugadores cumplen un ciclo y quizás sean ellos mismos los que deben aceptarlo. Muchas veces la permanencia desafiando el paso del tiempo o el nivel futbolístico termina siendo contraproducente.

La suma de frustraciones más un presente sin grandes luces (el pase de Juventus a Milan no resultó positivo y por el momento tampoco su estadía en Chelsea) y la lógica necesidad de renovación que experimenta la Selección lo corren un poco al costado.

Que la distancia nos permita volver a apreciar a un ‘9’ de enorme categoría – hoy por detrás de otros nombres, por actualidad y/o por futuro – y que sus últimos años en el fútbol los experimente con la paz que se merece.