Los mercenarios del aliento

Los mercenarios del aliento

8 abril, 2019 0 Por Matías Rodríguez

¿Hace cuánto están instalados los barrabravas en el fútbol argentino? ¿Cuánto poder manejan dentro de las instituciones deportivas?

Extorsionadores, manipuladores, traficantes, mafiosos y corruptos son algunos de los calificativos que reciben los denominados “Barrabravas argentinos”. Se los define como un grupo organizado dentro de los hinchas de un club de fútbol que cumple varias funciones prefijadas -la realización de cánticos y el despliegue de material pirotécnico- que ejercen poder sobre los clubes de fútbol de todo el país, con la ayuda de profundos vínculos políticos. Algunos periodistas -Gustavo Grabia y Martín Souto- los han definido como “pequeños grupos mafiosos” similares a las “mafias italianas”, ya que están manejados por un líder que cuenta con un consejo honorario y, por debajo, un montón de soldados. En definitiva, son mercenarios del aliento: cobran por alentar al equipo e insultar al rival.

A pesar de que el concepto de “Barra Brava” se extiende por todo el mundo, recibiendo un nombre u otro según la región, estos aficionados presentan una cualidad particular: su influencia es mucho mayor que la de cualquier otro grupo radical del mundo del fútbol. Por supuesto, el apoyo que le brindan al equipo durante los 90 minutos supone un gran aliento para los jugadores, aunque en muchas ocasiones suele ser al revés; pero esto sucede prácticamente en todas las ligas del mundo. Países como Brasil, Turquía, Inglaterra, Italia o Europa del Este son algunas regiones donde albergan a los hinchas más ruidosos y pasionales del mundo.

Sin embargo, la red de poder que tejieron durante años no solo que es imposible de desarmar, sino que pudo expandirse a otros ámbitos, fuera del deporte, como el político, económico y social. Es decir, se encuentran introducidos en varios pilares de la nación. Un hecho realmente preocupante es que la violencia en el fútbol argentino ha estado presente desde sus comienzos, aunque las barras fueron un fenómeno posterior. Desde el primer asesinato registrado, ocurrido en Montevideo, en 1924, luego del último partido del Campeonato Sudamericano entre los locales y la selección Argentina, hasta comienzos del  siglo XXI, este fenómeno se ha cobrado una cifra estimativa de por lo menos un centenar y medio de víctimas fatales y gran cantidad de heridos. Hasta el año 2000, sólo 16 casos terminaron en condena, involucrando a 33 personas ¿Hasta cuando el espectador promedio va a bancarse esto?

Enormes beneficios

Desde su inicio, las barras fueron apoyadas y financiadas por los clubes de fútbol, al principio solo contaban con entradas gratis y viajes a los partidos -que en la actualidad continúan siendo los principales privilegios-  y más tarde con dinero en efectivo. Pero a medida que la industria del fútbol fue tomando más popularidad en el mundo, también lo hicieron los intereses de las empresas y el poder de las barras. “El mero hecho de ser barra brava conlleva tener una serie de privilegios dentro y fuera de los estadios”, sostiene el periodista José Garriga en una entrevista a  La Nación.

En primer lugar, estos grupos de aficionados empezaron a gestionar la venta de entradas y manejar los sistemas de tiquetes, que se convirtió en una importante fuente de ingreso. Junto a ello, tomaron el control de las zonas de estacionamiento alrededor de los estadios, y los famosos “trapitos”. De esta manera, con cientos de miles de personas asistiendo a los partidos los fines de semana -también suelen jugar algún día de semana-  enormes son las ganancias que están en juego. Por ejemplo, durante un solo día de partido en la Bombonera -capacidad para 49.000 personas- los trapitos pueden llegar a alcanzar un monto de 300.000 pesos (US$30.000).

Otros negocios que manejan estos grupos violentos son los que se generan a través de las actividades ilícitas, como la venta de mercancía deportiva, refrescos, alimentos o directamente cobran un servicio de protección -de ellos mismos- a los diferentes puestos comerciales instalados en la cercanía del estadio. Según Raúl Ple, fiscal de la Cámara de Casación y segundo jefe de seguridad en el estadio, “La Doce es una marca y como tal, la comercializan”.

Drogas, dinero y armas

Son muchas las ocasiones en las que se ha vinculado a las Barras con el narcotráfico.  Para la fundadora de la ONG Salvemos al Fútbol, Mónica Nizzardo “el barra no está pendiente del partido, sino que está atento a su negocio, el de la droga”, relató en un documental elaborado por el periodista español Jon Sistiaga.

En 2013, según el Centro de Investigación de Crimen Organizado -”Insight Crime”- se incautaron 170 kilos de cocaína, marihuana y éxtasis, además de productos químicos y armas, por un valor de más de 600.000 dólares. El material fue encontrado en una propiedad que estaba vinculada a un barra de la ciudad de San Martín (Buenos Aires). También hallaron más de 150 entradas para distintos partidos.

La ciudad de Rosario, por su parte, se convirtió en un centro de tráfico de drogas, donde el líder de la barra brava de Rosario Central, Emanuel Ferreyra, fue arrestado bajo la sospecha de que trabajaba para el principal grupo narco de la ciudad, Los Monos. No era la primera vez que el líder de la barra “canalla” había entrado en contacto con la ley: en 2004 había sido condenado a 14 años de cárcel por liderar un tiroteo donde murió un niño de tres años de edad, pero se le había concedido libertad condicional.

Aunque las barras como organizaciones no se encuentran trabajando de la mano de bandas argentinas especializadas en el narcotráfico, presentan relaciones entre ciertos individuos. Según Garriga “Algunas de estas relaciones son muy fuertes, hasta el punto de que se podría pensar erróneamente que un miembro de una barra brava trabaja para una banda de traficantes de drogas, pero esto no funciona así”.

La barra brava aporta la estructura y el poder de movilizar “soldados” para el narcotráfico, como en el caso de los clubes Almirante Brown y Tristán Suárez; para la extorsión, tal como fue demostrado en Independiente; para las entraderas, como ocurría con Temperley, o para la piratería del asfalto y los homicidios, como pasó con una facción de la hinchada de boca y un grupo de River. A partir de estos hechos cometidos fuera de las canchas, algunos jefes de las barras bravas se convirtieron en personajes millonarios. Por lo tanto, está relación entre barra y delito quedó expuesta claramente en la estadística de capturas: en los últimos 18 meses, la policía bonaerense apresó a 54 barras de 15 equipos acusados de hechos que excedían al ámbito de los estadios de fútbol. Entre los presos se encuentran barras bravas de Independiente, River, Boca, Banfield, Temperley, Tristán Suárez, Estudiantes, Defensa y Justicia, Tigre, Quilmes, Chacarita, Los Andes, Arsenal, Almirante Brown y Talleres de Remedios de Escalada.

Relaciones de poder

Estos grupos violentos no podrían ejercer su poder y gozar de impunidad si no fuese por su estrecha relación con dirigentes políticos y deportivos, como también con las autoridades policiales. Según palabras de la defensora Graciela Muñiz “son mafias organizadas alrededor de negocios que incluyen a dirigentes de clubes, políticos, jueces y policías”.

En muchas ocasiones, los políticos los suelen utilizar en sus campañas electorales con el fin de aparecer en los partidos, conseguir votos o exhibir pancartas en los partidos. Entre los ejemplos, aparece la barra brava de River Plate desplegando una pancarta gigante con la siguiente frase “Clarín miente”, en referencia al diario más leído en la Argentino. Otro ejemplo, corresponde al que fuera el intendente de Morón -Buenos Aires- en 1987, Juan Carlos Rousselot -habitualmente acusado por la oposición de corrupto- quién usó a la barra del club de la ciudad para suspender una sesión en la que se cuestionaba un plan de obras públicas propuestas por él. “A los políticos les sirve recurrir a los barras para lograr trabajos y legitimidad territorial. Es parte de su acumulación del poder”, describe el sociólogo Pablo Alabarces, autor del libro “Crónicas del aguante”.

Por otra parte, el dirigente kichnerista de la agrupación “Compromiso K”, Marcelo Mallo, creó una asociación de barras bravas -Hinchadas Unidas Argentinas- comandadas por el líder de la barra de Independiente, Pablo “Bebote” Alvarez. Otros de las labores de Mallo fue de hacer de nexo entre funcionarios kichneristas y Rafa Di Zeo -líder de la barra brava de Boca- quien se ha jactado, en muchas ocasiones, de tener números de télefono de poder.

Estos profundos vínculos políticos son los que lo diferencia a las barras bravas Argentinas con el resto de aficionados organizados en otras partes del mundo, dijo Nicolás Balinotti, un periodista argentino que ha escrito mucho sobre el tema. A su vez, los vínculos con políticos y los cuerpos de seguridad proporcionan casi total impunidad a las barras bravas por sus crímenes, a lo que contribuye la ineficacia general de la justicia argentina.

Por último, no hay que olvidarse que además de las actividades ilícitas que realizan, estos grupos violentos han provocado, de forma directa o indirecta, según lo estima la ONG “Salvemos al Fútbol”, la muerte de más de 300 personas desde 1922, año en el que se data la primera muerte en el fútbol. De todos ellos, solamente 14 se produjeron antes de la década de los 50, etapa en el que las Barras Bravas comenzaron a ganar fuerzas en el país. Muchos de estos casos, sin embargo, quedaron impunes, demostrando -una vez más- la inactividad de la Justicia argentina contra estos grupos.