Me voy a luchar por mis derechos

El camino a casa nos encontraba felices y satisfechas con lo que nos había ocurrido, una marcha multitudinaria, cálida y en paz, repleta de sororidad y lucha. Y con una certeza: el patriarcado no se va a caer, lo vamos a tirar. Lo estamos tirando.

No hay nada más gratificante que saber que estás en el lugar correcto, donde querés estar y te sentís acompañadx y representadx. Eso es justamente lo que pasó este último 8M, en el que mujeres, lesbianas, travestis y trans sabíamos que queríamos estar ahí y nos sentíamos bien con lo que estábamos haciendo. Tomar el espacio público y hacerlo nuestro, hacerlo un lugar seguro, a diferencia de todos los otros días, es algo que las palabras simplemente no pueden explicar. Y más difícil de explicar es si, además, ese espacio público está tomado para luchar por tus derechos.

Estoy en la estación de Temperley, esperando el tren para ir a Lomas. Me siento en uno de los bancos y al rato se sienta al lado mío una mujer con su hijo y su madre. Cuando estaba por llegar el tren, me pregunta “¿vas a la marcha? Por el pañuelo verde” le contesto que sí, pero que primero iba a la que se organizó en Lomas y le pregunto si va a ir, miró a su mamá y me responde “sí, en un rato vamos”. Llegó el tren y antes de subirme me dijo “feliz día de lucha”. Llegué a la estación y me encontré con mis amigas a las 15.30 en la estación de Lomas, “en la disquería, porque hay mucha gente”.

Ese lugar por el que pasamos casi todos los días, esta vez estaba teñido de verde y violeta, comenzando a llenarse de mujeres de todas las edades.

Mujeres que venían de sus trabajos, niñas, adolescentes, madres con sus hijxs. Todas por una misma causa, todas en la misma sintonía. Iban pasando los minutos y cada vez se llenaba más. Nosotras nos sentamos en el piso a esperar que comience la marcha y una chica que guiaba se nos acercó para preguntarnos si queríamos llevar dos carteles. Uno de ellos, tenía la foto de Mónica Acosta, asesinada el 21 de enero de 2017 en Monte Grande, de 43 puñaladas por su ex pareja, Diego Perrone. El otro, tenía la foto de Laly Heredia Escobar, una chica trans de 36 años, que fue asesinada a tiros en Camino de Cintura, se sospecha que por un hombre que previamente le había pedido servicios sexuales. Mientras los sosteníamos, no pudimos evitar pensar en lo doloroso de la situación. Estábamos llevando dos cuerpos, dos cuerpos de dos personas que no conocimos y tal vez nunca íbamos a conocer, pero estaban ahí presentes. Sentíamos la responsabilidad de estar representándolas, no sólo a ellas, sino también a sus familias, que cargarán con el dolor de su ausencia para siempre. No éramos las únicas que los llevaban, había, lamentablemente, muchos más, de muchas otras mujeres que no podían estar ahí porque les quitaron la vida y la oportunidad de estar.

Luego de un rato, comenzamos a marchar hacia la plaza Grigera, por la calle Laprida y luego por la avenida Hipólito Yrigoyen. Era emocionante ver a las madres con sus hijxs, sobre todo el hecho de estar en tu lugar, en tu casa. Sabíamos que estábamos en territorio más que conocido, pero estar juntas ahí, lo hacía diferente. Estábamos juntas, estábamos unidas. En la plaza, se formó un espacio de unión plagado de mujeres de todas las edades, en el que, acompañado de mate y galletitas, también hubo muestras artísticas llevadas a cabo por mujeres que con su talento y su lucha, hicieron que este espacio se llene de calidez. Ver el lugar en el que vivís teñido por la lucha de las mujeres, no tiene explicación.

La Plaza Grigera de Lomas de Zamora colmada en marco del 8M.

Pasamos un rato en la plaza de Lomas, y luego partimos hacia el Congreso. Yendo a la estación, veíamos cómo los pañuelos verdes y violetas estaban presentes por todos lados, en las calles, luego en el tren… Se respiraba un aire distinto al de siempre. Finalmente, pudimos llegar. El subte nos dejó en Avenida de Mayo y 9 de Julio, la cantidad de gente que había no nos permitía casi ni acercarnos a caminar hasta el Congreso. No nos importaba, lo importante era estar ahí, juntas. Nos sentamos un rato y hablamos de lo emocionante que era ver tantas niñas con sus pañuelos, acompañando a sus madres. Pensábamos en que, seguramente, cuando tengan nuestra edad van a vivir en un mundo más justo. Cuando nosotras teníamos su edad, todo esto no existía, qué bueno que podemos vivirlo. Decidimos seguir a la manada, y comenzamos a caminar en dirección a Plaza de Mayo, cantando, bailando, sacando fotos, marchando. Nos sentíamos a gusto, no nos daban ganas de irnos.

Luego de un buen rato caminando, llegamos al Cabildo. Allí ya no se avanzaba pero seguía llegando gente todo el tiempo, eran casi las nueve de la noche. Esta vez, decidimos ir un poco para atrás, porque era tanta la gente que había que no nos podíamos mover. Nos sorprendía que siendo la hora que era, las agrupaciones seguían marchando hacia la plaza y desde las bocas del subte seguía saliendo gente que se unía a la marcha. Tras caminar unas cuadras, nos sentamos en un cordón para descansar un poco las piernas. Tomamos agua y observamos todo lo que estaba pasando. No podíamos creer que tanta gente estaba reunida allí por la misma razón, que todas nos teníamos. También hablamos de lo increíble que nos parecía que, un día común y corriente, caminar solas por esa calle a esa hora nos daría miedo, pero en ese momento nos sentíamos seguras y sin miedo de estar ahí. Volvemos a caminar, esta vez ya para ir volviendo a tomar el subte, y nos cruzamos a un grupo de señoras que iban por la vereda. De fondo se escuchaba que cantaban “Mauricio Macri, la yuta que te parió”, las señoras se sumaron al canto, y una le explicaba a la otra “es la yuta que te parió, no la puta que te parió”, entre risas. Mientras volvíamos a la 9 de Julio, también nos cruzábamos a nenas de no más de tres años, caminando de la mano con sus madres, con sus propios pañuelos. Mujeres, lesbianas, trans y travestis de todas las edades, en un mismo momento, en un mismo lugar, luchando por la misma causa, por nuestros derechos.

El camino a casa nos encontraba felices y satisfechas con lo que nos había ocurrido, una marcha multitudinaria, cálida y en paz, repleta de sororidad y lucha. Y con una certeza: el patriarcado no se va a caer, lo vamos a tirar. Lo estamos tirando.

Daniela Pellegrini
Daniela Pellegrini

Del equipo de redacción
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