Nadie se atreva a tocar a mi vieja

El amor de una madre por un hijo no se puede comparar con ninguna otra cosa en el mundo. No conoce ley ni piedad, se atreve a todo y aplasta cuando se le opone. Mejor frase que esa no existe para retratar la relación entre Diego Maradona y Doña Tota.

Amor, odio, bronca, felicidad, tristeza, gratitud, envidia, admiración, indignación y respeto son actitudes que despierta Diego Maradona en la sociedad y por qué no, en el mundo. Pero para ella, como para cualquier madre, sólo valía uno: El amor.

La relación entre Diego y Dalma Salvadora, conocida popularmente como Doña Tota, se fundía en eso. Ella era para él su cable a tierra, la luz cuando todo era oscuridad, su fan número 1, la que lo apoyaba y alentaba a superar cada obstáculo que la vida le impuso.

Si la vida y el fútbol le habían dado fama y dinero, Doña Tota representaba el lugar que al regresar lo esperaban sus ravioles, algo más preciado que todo lo material conseguido. Pero no siempre fue así. Diego mismo confesó que recién a los 13 años se dio cuenta que su madre nunca había tenido dolor de estómago sino que siempre quiso que comieran sus hijos y, cada vez que llegaba la comida, ponía esa excusa porque no alcanzaba para todos.

Su madre lo vio debutar en Argentinos Juniors y al poco tiempo ponerse la celeste y blanca para representar a su país. Disfrutó de su primer paso por Boca y se puso triste al ver a su hijo partir hacia Barcelona pero lo entendió y apoyó incondicionalmente. Lo admiró al salir campeón con el Napoli y la Selección en el Mundial ’86 que marcó y cambió su vida para siempre. ¡Quién se iba a imaginar que a partir de ese momento muchos iban a considerar a su hijo, al chico que salió de Villa Fiorito y luchó contra todo y todos, como a un Dios!

También sufrió junto a él el ocaso de su carrera en Newell’s y en Boca donde se retiró definitivamente. En el medio, fue el sostén que Diego necesitó para intentar salir de su adicción. Esa adicción que a él “le cortó las piernas” a ella, le partió el corazón, pero supo que tenía que estar a su lado siendo una guerrera, una luchadora de la vida.

El momento de mayor satisfacción en su vida fue cuando vio a su hijo cumplir su sueño: Ser técnico de la Selección Argentina que si bien no tuvo los resultados esperados, le dio la posibilidad de compartir más tiempo juntos. Hasta que llegaron las peripecias en Dubai y los volvió a separar.

Meses antes del fallecimiento de Doña Tota, Diego le había rogado a Dios “que no se la lleve, que nos dé otra oportunidad de verla en casa, de poder comer y tomar mate con ella, de darle un beso, lo pido de corazón”. Pero lamentablemente no alcanzó.

Para Agatha Christie el amor de una madre por un hijo no se puede comparar con ninguna otra cosa en el mundo. No conoce ley ni piedad, se atreve a todo y aplasta cuando se le opone. Mejor frase que esa no existe para retratar la relación entre Diego y Doña Tota, el gran amor de su vida.

Jonathan Rosenberg
Jonathan Rosenberg

Periodista.

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