Noemí Simonetto: Se dice de mí

Noemí Simonetto: Se dice de mí

30 enero, 2019 0 Por Jonathan Rosenberg

Una atleta que trabajó para ser cada día mejor y marcó una época en donde las mujeres estaban en un segundo plano.

Su vida se podría resumir en una sola imagen. Ella y una pista de atletismo. Ella y el viento. Ella y un talento innato. Nació en 1926 en Buenos Aires y a los 13 años mientras saltaba por los aires en una plaza, un entrenador de River Plate la vio y le propuso formar parte del club. Cosas del destino o no, pero a partir de ahí no paró de crecer.

A los 15 años y en su primer Juego Sudamericano, consiguió una medalla de oro en el relevo 4×100 metros y una de bronce en salto en largo y salto en alto. Pero hay algo más sorprendente: entre 1941 y 1947 ganó 11 preseas de oro en los Sudamericanos. Algo irrepetible en la historia deportiva de nuestro país.

En los Juegos Olímpicos de Londres en 1948, alcanzó el Olimpo. “Llegar a Londres fue una odisea. Viajamos 20 días en barco, comimos mal: la carne y otros alimentos que se llevaron especialmente para nosotros, desaparecieron”, declaró en una entrevista a El Gráfico días posteriores a su conquista. Además, agregó: “En altamar perdimos todo el entrenamiento. Yo no pude practicar salto en alto y eso se convirtió en una ventaja evidente para los europeos. Llegamos en bote porque no había puerto y después nos alojamos en una residencia en el medio del campo”.

Después de una competencia maravillosa obtuvo la medalla de plata en salto en largo saltando 5,6 metros siendo superada a último momento por la húngara Olga Gyamati. Cuenta Félix Daniel Frascara, enviado especial a Inglaterra para la cobertura de los Juegos Olímpicos: “Cuando terminó la prueba de salto en largo para mujeres, corrimos desde la bancada de prensa, bajando más de cien gradas y contrariando las más severas disposiciones británicas –pero a nuestro juicio con motivo justificado– para estrechar la mano de Noemí Simonetto. Nos había proporcionado la primera gran emoción en estos Juegos Olímpicos”.

Casada con su entrenador, Ramón Portela, cubrió sus expectativas al pisar suelo argentino y se retiró del atletismo teniendo en cuenta que ser mujer y haber conseguido llegar a esa instancia era todo un logro para ella y para las mujeres de este país. Para dimensionar cómo eran las cosas en aquel tiempo tengamos en cuenta que las mujeres todavía no podían votar y ella consiguió estar en boca de todos su medalla de plata.  

A lo largo de su trayectoria recibió numerosas distinciones. En 1991 el Comité Olímpico Argentino le entregó el premio “Mujer y Deporte”. En 1997 el Comité Olímpico Internacional le entregó el trofeo Juegos Olímpicos del Centenario y tres años más tarde la galardonó con la Orden Olímpica. Durante ese año la Federación Metropolitana la consideró “Atleta del Siglo”.

A pesar de haber convivido mucho tiempo con una enfermedad ósea que la tuvo paralizada y deprimida, Noemí colaboró con el Comité Olímpico Argentino (COA) para fomentar el atletismo hasta su fallecimiento en 2011. Ella no quiso que sólo la recuerden por la medalla obtenida en un JJOO sino por dejar un legado, por hacer más visible esa disciplina que aun hoy cuesta que muchos le den el lugar que se merece. 

Como cantó Tita Merello: “Ocultan que yo tengo unos ojos soñadores, además de otros primores que producen sensación”. Y qué mayor logro que haber soñado con consagrarse en un Juego Olímpico y haberlo conseguido… Y qué mayor sensación que ser considerada como la mejor atleta criolla.