Pornografía: La puerta de entrada a una sexualidad patriarcal

Pornografía: La puerta de entrada a una sexualidad patriarcal

19 enero, 2019 0 Por Victoria D'Ambrosio

 

Un mundo ficticio en el que se practican conductas sexuales erróneas que promueven la misoginia, donde las mujeres son tratadas como objetos y su rol no pareciera ser otro más que darle placer al hombre.

Hoy en día y desde aproximadamente diez años, con la llegada de internet, el consumo del porno se extendió masivamente ocupando un tercio de todo el tráfico de la web. Antes era un privilegio para unos pocos, hoy basta con un “click” para acceder a cualquier video de esta índole. Tal es así que cualquiera tiene acceso y los jóvenes que están entrando en la etapa adolescente no son la excepción.

¿Qué efectos puede tener el consumo de pornografía en jóvenes (sobre todo hombres heterosexuales) a temprana edad en la posterior vida sexual? No es algo nuevo decir que el acceso a una educación sexual es vaga o casi nula. Ante esto la vía más accesible para descubrir la sexualidad resulta la peor de todas: Un mundo ficticio donde se practican conductas sexuales erróneas que promueven la misoginia, donde las mujeres son tratadas como objetos y su rol no pareciera ser otro más que darle placer al hombre. La concepción del sexo en la pornografía es completamente machista y desacertada. ¿Cómo podemos pretender que los “pibes” tengan un concepto sano de relación o de vida sexual, si crecen consumiendo esto?

Tetas de plástico, cuerpos trabajados, gemidos exagerados y un enfoque puntual: La mujer está para complacer al hombre. Con estos conceptos no podemos culparlos por no comprender muy bien dónde está o cómo estimular el clítoris, ni culparlas a ellas por normalizar que sus compañeros sexuales lleguen al orgasmo y ellas no. Los hombres toman estas conductas y las mujeres las aceptan como normales. No es casualidad que se aspire a tener el mejor cuerpo o las mejores curvas. Que se normalicen situaciones en la que se la está pasando mal o que dejen de lado su propio goce para complacer al otro.  No resulta extraño entonces, que se busque cumplir con los estándares o cánones de la pornografía, dado que éstos, son los únicos que conocen.

Tal así lo afirmó Nereyda Lacera Reales, vicepresidenta de la Asociación Colombiana De Sexólogos, en otra oportunidad: ​ “En el plano sexual lo que se altera es la concepción sana de una relación y esto termina por afectar la posibilidad que tienen de interactuar con parejas reales. Cuando crecen se les dificulta seducir, conquistar e incluso amar, porque sólo quieren imitar las conductas rápidas que ven en los videos porno”.

Con el tiempo surgieron otras alternativas a la pornografía clásica que nos dan una perspectiva del sexo más real. Por un lado, lo “amateur” que trata directamente de videos “caseros”. Por otro, el porno feminista cuya pionera es Erika Lust, cineasta y escritora sueca. Lust a través de su trabajo espera poder cambiar la percepción de género y los papeles sexuales estereotipados. Sus películas  se caracterizan por una selección muy cuidada de actores y estándares de producción inusuales en el mundo de cine para adultos. Considera que el cine pornográfico puede ser un instrumento educativo además de placentero, y que puede ayudarnos a conocer mejor nuestra sexualidad, vivir más libres y explorar nuestros deseos de manera más natural.

Por suerte con la reivindicación del feminismo se está dando una vuelta de tuerca necesaria. No sólo dejamos de naturalizar ciertos patrones, también empezamos a cuestionar, a reflexionar y a repensar. Comprendemos que hay millones de maneras de vivir la sexualidad, pero que el fin en ambas partes es sólo uno: el placer. Y que las vías deben darse siempre mediante el consentimiento y respeto mutuo.