Rappi – Glovo: La romantización del trabajo (muy) duro

Rappi – Glovo: La romantización del trabajo (muy) duro

26 marzo, 2019 0 Por Victoria D'Ambrosio

Detrás de estas empresas con promesas de “trabajo flexible” y bajo la premisa de “ser tu propio jefe” se esconde la cara más cínica del capitalismo: la precarización del trabajo.

Actualmente las compañías de comercio electrónico están en su auge. La española Glovo y la colombiana Rappi son dos de las más conocidas en el país. Ambas fueron fundadas en 2015 y se instalaron un tiempo más tarde en Argentina, donde cuentan con más de 100 empleados y casi 15.000 repartidores. Desde su fundación su consumo ha ido ascendiendo progresivamente.

Pero detrás de éstas empresas con promesas de “trabajo flexible” bajo la premisa de “ser tu propio jefe” se esconde la cara más cínica del capitalismo: la precarización del trabajo.

No vas a tener ART,  ni seguro, ni vacaciones. Vas a pedalear todos los días un promedio de 50km sin importar que llueva a cántaros o cuánto tráfico haya. Por cada delivery vas a ganar entre 40 a 70 pesos (cuando el cliente paga en efectivo, tenés que ir a un Pago Fácil y devolver ese monto a Rappi, por ejemplo. De lo contrario, se te descontará de las ganancias)  Ah, pero eso sí eh: vos manejas tus horarios y sos tu propio jefe.

Este escenario idílico le proponen a sus empleados.

Algunos de los que hacen deliverys para estas empresas suelen ser argentinos que no llegan con la plata a fin de mes, y lo utilizan como “changa”. Sin embargo, la mayoría son extranjeros, sobre todo venezolanos, que han emigrado de su país en buscado de nuevas oportunidades. Estas no deben ser las soñadas.

En este sentido, Rappi/Glovo con el disfraz de meritocracia como bandera, juegan con la desesperación de la búsqueda laboral, en una suerte de círculo dónde venden la romantización del laburo a pulmón. Y a quienes no llegan a fin de mes, no les queda otra que comprar.

Difícil es que, con la inmediatización a la que estamos acostumbrados hoy por por hoy, no sucumbamos ante la idea de pedir desde un plato de comida hasta un Ibuprofeno mediante un “click”.

Y la premisa no es que dejemos de consumir, ni que tratemos de organizarnos en una utópica revolución en contra de las empresas virtuales de delivery, pero sí, tal vez, invitar a la reflexión sobre la precarización a la que son sometidos los trabajadores de éstas, arriesgando su propia vida -porque no tienen ningún tipo de seguro- por apenas unos míseros 60 pesos por viaje.