Santi Cazorla y el intento de resurgir

 

Antes de su octava y última visita al quirófano, el doctor Mikel Sánchez le advirtió que “se diera por satisfecho si volvía a caminar con su hijo por el jardín de su casa”. Un injerto de piel retirado de su antebrazo izquierdo, dónde tiene tatuado (ahora por la mitad) el nombre de su hija India, fue puesto en la zona afectada logrando estabilizarla. 

Santi Cazorla volvió a jugar al fútbol después de 636 días y ocho cirugías en el tendón de Aquiles derecho. El martes 17 de julio Villarreal empató 1 a 1 un amistoso ante Hércules. Normalmente, estos encuentros de pretemporada suelen importarle a muy poca gente y sirven para que los entrenadores vean qué les falta a sus equipos para afrontar la siguiente temporada de la mejor manera. Pero este partido no fue uno más: quienes hayan estado presentes en el “Mini Estadi” de Villarreal (donde el equipo filial suele jugar de local) podrán contar que vieron el regreso de Santi Cazorla después de dos años sin jugar, disputando el último cuarto de hora.

El último partido del asturiano había sido en octubre de 2016, cuando el Arsenal inglés goleó 6 a 0 a Ludogorets Razgrad de Bulgaria en la Champions League. Un minuto antes de salir, Cazorla hizo lo que mejor le sale: dejar mano a mano a un compañero frente al arquero rival. Después de esta asistencia milimétrica de 40 metros para el gol de Özil, el español salió sin saber que nunca más se pondría la camiseta de los “Gunners” ni el calvario que viviría hasta la semana pasada.

El principio de todo fue en septiembre de 2013 en un amistoso que España disputó ante Chile. Producto de un golpe, Cazorla se fisuró el tobillo derecho. El mediocampista no quiso operarse porque quería llegar con ritmo futbolístico al Mundial de Brasil, aunque el año pasado confesó que estaba arrepentido de haber vuelto a jugar seis semanas después porque nunca logró recuperarse por completo de esta fisura y jugó infiltrado toda la temporada.

Cazorla ha estado viviendo una pesadilla.

La segunda lesión grave que sufrió “El Cuín” -tal como lo apodan- fue la rotura del ligamento externo de la rodilla izquierda. Indirectamente esto también afectó a su tendón de Aquiles diestro, ya que el tiempo alejado de las canchas hizo que el futbolista dejara de infiltrarse el talón que quedó maltrecho por el poco movimiento.

El peor momento de la vida del jugador comenzó cuando se cumplió un mes de su primera operación de tendón. Ese día fue al hospital para que le sacaran los puntos, pero los médicos del Arsenal detectaron que la herida estaba abierta y debieron operarlo de nuevo. En una situación sin antecedentes para un deportista, Cazorla se tuvo que someter a ocho cirugías prácticamente similares. Una infección en el hueso calcáneo le había comido ocho centímetros de tendón de Aquiles, haciendo que nunca terminara de cicatrizar.

Antes de su octava y última visita al quirófano, el doctor Mikel Sánchez le advirtió que “se diera por satisfecho si volvía a caminar con su hijo por el jardín de su casa”. Un injerto de piel retirado de su antebrazo izquierdo, dónde tiene tatuado (ahora por la mitad) el nombre de su hija India, fue puesto en la zona afectada logrando estabilizarla. Con respecto al tatuaje, el asturiano manifestó que seguramente se lo deje dividido entre el brazo y el tobillo porque después de tantas cirugías “tiene más significado que nunca”.

En Villarreal se ilusionan con su vuelta.

En enero de este año Santi volvió a entrenar de manera diferenciada con el primer equipo del Arsenal. Su contrato terminó el 30 de junio y Villarreal, club del cual surgió y donde supo brillar entre 2007 y 2011, lo recibió con los brazos abiertos para afrontar una pretemporada en la cual el jugador decidirá si firmar contrato por un año o retirarse del fútbol profesional.

Los hinchas del equipo de Castellón se ilusionan con poder cantar el “Ohh Santi Cazorla” -al ritmo de “Seven Nation Army” de The White Stripes- que entonaban los seguidores del Arsenal cada vez que el español metía un gol. Más allá de lo que pase, lo importante es que Cazorla volvió a jugar sin dolores y, aunque hayan sido apenas 15 minutos, pudo sonreír en una cancha de fútbol después de mucho tiempo.

Guido Antonelli
Guido Antonelli

Periodista.

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