Shavarsh Karapetyan: de campeón del mundo a héroe nacional

Shavarsh Karapetyan: de campeón del mundo a héroe nacional

19 marzo, 2019 0 Por Matías Rodríguez

Fue diecisiete veces campeón mundial y trece a nivel europeo. Un hombre nacido para ganar. Su vida cambió por completo cuando vio a un autobús hundirse con 92 personas en el lago Yereván, en Armenia.

Nacido el 19 de mayo de 1953 en Kirovakan, Armenia, Shavarsh Karapetyan es conocido como uno de los mejores nadadores con aletas -buceo- de la historia. Durante su larga carrera supò batir varios rècords -11-, ademàs de proclamarse campeòn en varias oportunidades: 17 veces campeón mundial, 13 veces campeón europeo y 7 veces representando a la Unión Soviética. Un hombre que sabía cosechar victorias. Sus logros permitieron que sea nombrado como “Maestro de Honor de Deportes de la Uniòn Soviètica”. Sin embargo, existe una fecha que cambió por completo su vida: 16 de septiembre de 1976.

Desde pequeño comenzó a incursionar en las aguas de la región -Lago Sevan- donde supo aprender las técnicas del nado subacuático,una disciplina muy popular en el Este de Europa y que desemboca en la natación tradicional. El entrenamiento consistía en sesiones de 27 horas enfrentándose a  aguas turbulentas y de temperaturas que llegaban a alcanzar en inverno los 50 grados bajo cero. Un entrenamiento poco habitual, si se hace referencia a otros deportes, que le sirvió como herramienta para su vida: durante la adolescencia pudo burlarse de la muerte en varias ocasiones.

El primer encuentro con la muerte fue a los 15 años cuando estaba involucrado en una pelea callejera contra un grupo de macarras -como suelen llamar a los chicos en ese país- locales, quienes no contentos con darle una paliza, lo agarraron entre todos y lo tiraron al lago con una piedra atada al cuello. Un acto totalmente de cobardía. Tras unos minutos de lucha bajo el agua pudo librarse de la piedra, saliendo sano y salvo de esa situación. “La piedra no pesaba más de cinco kilos. Porque si hubiera sido más grande o estaba mejor atada, yo no estaría acá” había expresado en una entrevista a un diario armenio.

El siguiente acto sucedió el 8 de enero de 1974, cuando él tenía apenas 21 años, en el centro de deportes de Tsaghkdzor, situado a mil ochocientos metros de altitud en las montañas Tsaghkunyats. Karapetyan, que a esa altura de la vida ya era campeón mundial en varias oportunidades, viajaba en un colectivo junto a otros 30 atletas por una empinada carretera que unía al pueblo con las instituciones de entrenamientos. Mientras circulaban por una curva cerrada y pronunciada el transporte perdió el control y comenzó a desbarrancar contra un precipicio. El conductor lo único que atino hacer fue soltar un grito agudo y saltar por la ventana de la cabina, dejando el colectivo en manos del destino. Frente a esa situación,  Karapetyan arriesgo su vida. Aunque no disponía de un carnet para conducir, destrozó a golpes el vidrio que separaba la cabina del asiento del conductor; se subió al asiento y, de un volantazo, consiguió cruzar el vehículo por el medio de la carretera. Salvando, no solo su vida, sino la de las 30 personas que lo acompañaban.

Sin embargo, existe en la vida de una persona un hecho, acción, fecha que cambia  por completo su vida, y con ella su historia. Así sucedió con el 17 veces campeón mundial. Fue el 16 de septiembre de 1976, cuando un autobús urbano lleno de pasajeros -92- perdió el control y cayó dentro del lago Yereván. Justo en el momento del impacto, Karapetyan -que tenía que estar disputando el Campeonato Mundial de nado con aletas en Hannover pero debido a problemas con el visiado se vió obligado a quedarse en casa- se encontraba terminando su rutina mañanera de entrenamiento cuando escuchó el impacto. Frente al desastre que se le presentaba, Shavarsh optó por meterse al frío lago y salvar la vida de esas personas.

El panorama de la situación era desalentador: el autobús había caído 25 metros del borde y yacía en el fondo del lago a 10 metros de profundidad, a eso había que sumarle que el Lago Yereván durante esa época no presentaba aguas cristalinas, al contrario, era una gigantesca charca llena de fango donde vertían las cloacas municipales. Pese al frío y a la nula visibilidad que presentaba el lago, pudo alcanzar el vehículo y romper uno de los vidrios de una patada. Durante casi veinte minutos,los màs largos de su vda, Karapetyan logró realizar 10 inmersiones, rescantando a 30 personas del interior del colectivo. Una a una. Pateando entre el agua helada, la suciedad y los restos de metal y vidrio que flotaban por todas partes que poco a poco iban rasgando la piel de sus pies, provocando profundas heridas. Sin embargo, cuando salió por trigésima vez a la superficie, su cuerpo no aguantó más y quedò inconsciente.

El autobús siendo retirado del agua horas después.

Fue llevado al hospital de manera urgente. Los mèdicos luego de realizar los anàlisis necesarios sostuvieron que su diagnòstico era grave: hipotermia, neumonìa bilateral y septicemia grave, provocada por el envenenamiento de su sangre debido al agua contaminada. Ese estado lo condujo a un coma que durò 46 dìas. Su primera reacciòn cuando abriò los ojos fue preguntar por los pasajeros del autobús. Lamentablemente no pudo salvar a todos, y de los que rescatò sólo pudieron sobrevivir 20.

Aunque fue condecorado por su hazaña, la misma quedò oculta a los ojos de la naciòn durante màs de seis años. Todas las fotos y videos relacionados con el accidente se guardaron en oscuros archivos judiciales hasta que, el 12 de octubre de 1982, el Komsomolskaya Pravda -un diario ruso- publicò un reportaje titulado “La batalla subacuàtica del campeòn”. En èl, describìa la grandeza del nadador armenio utilizando un lenguaje con muchas hipérboles. A los dìas de su publicación, Karapetyan recibiò màs de setenta mil -70.000- cartas de agradecimiento de todos los confines de la Uniòn Soviètica, y el Soviet Supremo lo condecorò con un montòn de medallas màs, entre las cuales aparece las de Maestro del Deporte de la URSS y la de la Orden del Distintivo al Honor.

Sin embargo, no todo fue  gloria para el muchacho de Armenia. Debido a las complicaciones derivadas de la neumonìa y la hospitalizaciòn, unidas a una reciente fobia por el agua, tuvo que poner fin con su carrera deportiva, lo que lo llevò a trabajar como ingeniero en una planta de componentes electrónicos. Pero su vida como hereò no terminò ahì: el 19 de febrero de 1985, se desató un incendio en el Pabellòn de Deportes de la Armada Soviètica. Sin pensarlo dos veces, Shavarsh comenzò a rescatar a la gente que se encontraba atrapada entre las llamas de lugar cual bombero de pelìcula norteamericana. Una vez màs sufriò un colapso -esta vez provocado por el humo y las quemaduras- que lo llevò nuevamente al hospital. 

La vida continuó para Kerapetyan, que en 1993,  con la Unión Soviética desmoronada, emigró a Rusia, sin dinero, para reorganizar su vida de nuevo: fundó una zapatería deportiva llamada Segunda Bocanada. En la actualidad reside en Moscú acompañado de su familia, tienda y un carretón donde carga todas sus medallas porque las paredes no dan abasto. Sin embargo, a años de su hazaña, Shavarsh continúa atormentado con un hecho “Sabía que podía hacer pocas inmersiones. Mi mayor miedo era cometer algún error. Estaba tan oscuro ahí abajo que no podía ver nada. En una de las inmersiones, agarré un asiento en vez de una persona. Podía haber salvado a una persona más en ese lugar. Ese asiento todavía me obsesiones y me quita el sueño”.