Vaciamiento cultural y neoliberalismo: dos viejos conocidos

Vaciamiento cultural y neoliberalismo: dos viejos conocidos

26 febrero, 2019 0 Por Daniela Pellegrini

El riesgo de que Clásica y Moderna, emblema cultural de la ciudad de Buenos Aires, cierre sus puertas para siempre, se sumó a la oleada de vaciamiento de espacios culturales tales como librerías, centros, teatros y demás.

La librería y café ubicada en Callao 882, se encuentra en serio peligro de tener que cerrar sus puertas por una deuda de alquileres que alcanza los $500.000. Esto justamente se da en un contexto de neoliberalismo que con sus ajustes ha provocado que cientos de lugares deban optar por cesar sus actividades. Los alquileres e impuestos como el de la luz o el gas, y sus elevadas tarifas que aumentan casi mes a mes, son cada vez más difíciles de pagar. Para este tipo de lugares que fomentan la cultura y que intentan que sus actividades sean lo más accesibles al público posible, es incluso más duro.

Es por esto que los centros culturales, librerías y teatros independientes se ven obligados a cerrar. Sí, lugares tan importantes, que ayudan a fomentar el pensamiento crítico, cierran. No es ninguna sorpresa. Estos lugares llegan a quienes tal vez no tienen el poder adquisitivo para comprar un libro o realizar una actividad. Así privan a todos, y especialmente a quienes más lo necesitan, del acceso a la cultura, tan primordial para la sociedad.

Acceso a libros clásicos, actividades tales como teatro o escritura, exhibición de películas, pequeños recitales o simplemente un punto de reunión y contacto con otras personas, son atacados sistemáticamente por los ajustes gubernamentales que la sociedad tiene que pagar. Generalmente, este tipo de lugares son atendidos y manejados por personas que puede que no ganen un peso o que, destinan las ganancias para poder seguir manteniendo los espacios.

Repito; ¿acaso esto debería sorprendernos? No, para nada. Está más que claro que a los poderosos no les conviene que el pueblo piense, cuestione y pueda generar un pensamiento crítico capaz de combatir las injusticias que sobre este se ejercen. El acceso a la cultura está siendo sistemáticamente golpeado porque no sirve, justamente, porque sirve demasiado. No sirve para quienes quieren que la sociedad no piense.

Sin embargo, más allá de todas las adversidades, estos espacios culturales hacen lo imposible para poder seguir en pie y hacerle frente al ajuste. Con precios amigos en entradas o bebidas y comida, sumando ferias de productores independientes, exposiciones fotográficas y demás, se intenta seguir adelante. Incluso en este tipo de eventos, se juntan alimentos no perecederos o útiles escolares para poder colaborar con aquellos que no pueden adquirirlos.

Es de suma importancia que apoyemos este tipo de movidas culturales, ya que es algo que beneficia a ambas partes. Por un lado a quienes las organizan, para que puedan seguir existiendo y perpetuando el acceso a la cultura, que es, además, un derecho. Y por el otro, a quienes asisten, ya que sus precios son totalmente populares para que todos aquellos que quieren ir, puedan hacerlo.

Frente al vaciamiento y ataque de aquellos a quienes no les sirve una sociedad despierta, la respuesta más revolucionaria es no permitir que puedan meterse con estos lugares. Bancando todo aquello que intenta incluir, y no excluir, a todos los sectores que quieran acercarse. Especialmente aquellos a los que se les hace más difícil. No permitamos que la cultura se convierta en un lujo, porque aunque quieran hacer creer que los, la cultura es un derecho a la que todos tenemos que tener acceso.

Aunque casi todos lo pensemos de esta forma –porque así nos lo hizo entender Europa Occidental-, es erróneo entender a la cultura como algo de las “clases altas”. No. Esa es la concepción que se tenía allí, pero está más que equivocada. En el viejo continente se definía como “culto” a aquel que escuchaba música clásica o gustaba de pinturas de autores importantes, de primer nivel.  En realidad, todos somos cultos por el simple hecho de que pertenecemos a una sociedad que, obviamente, está inmersa en diferentes culturas.

No nos dejemos engañar, todos tenemos que poder acceder a los bienes culturales ya sea en una librería porteña, en un centro cultural de una villa o en un teatro independiente. Es un derecho, que es constantemente atacado por el neoliberalismo al que tan poco le conviene. Es importante resistir y bancar, es la única forma de hacerle frente.